¿Por qué reímos cuando nos hacen cosquillas si en realidad nos molestan?

Descubre cuál es la razón por la que nunca podrás hacértelas a ti mismo

05.05.2022 | 12:12
Una mujer ríe y se protege mientras su pareja le hace cosquillas.

Siempre te pillan por sorpresa y te hacen dar un bote en la silla. A veces la cosa no queda ahí y, además, en tu intento de esquivarlas te pegas un golpe. Las cosquillas, esas que hacen más gracia a quien las hace que a quien las recibe, casi siempre son más molestas que divertidas. Pero, entonces, ¿por qué nos hacen reír?

La respuesta hay que buscarla en la ciencia. Las risas de alegría o las de cosquillas activan áreas del cerebro que controlan las reacciones faciales y vocales, pero solo las de las cosquillas activan el hipotálamo, la región vinculada al dolor. Por eso, en un primer momento reímos de forma involuntaria, pero enseguida las cosquillas se convierten en una sensación molesta.

El hipotálamo regula el pulso, la respiración, el apetito, la excitación y la ansiedad. Funciona como un centro de control que manda señales al resto del cuerpo para activar reacciones instintivas de lucha o de huida.

Los expertos señalan que el cosquilleo puede ser interpretado por nuestro cuerpo como una amenaza. Creen que la risa es un mecanismo de defensa, una señal de sumisión para que nos dejen tranquilos lo antes posible y para evitar sufrir algún daño. También puede ser un intento de desactivar una situación que nos genera alarma.

Cuando alguien nos hace cosquillas, las terminaciones nerviosas que tenemos bajo la epidermis mandan señales eléctricas al cerebro. Dos áreas de este reciben la información: la corteza somatosensorial (señales de presión) y la corteza cingulada (sensaciones de placer). Cuando se activan las dos a la vez se producen las cosquillas. La interconexión entre sensibilidad y emoción es la que provoca la reacción facial de risa.

Las partes del cuerpo en las que sentimos con mayor intensidad las cosquillas son zonas sensibles como el cuello, los pies, la cintura o las axilas. Los humanos no somos los únicos seres vivos que reímos con las cosquillas; también les pasa a los gorilas y a las ratas.

Un niño ríe junto a sus padres mientras le hace cosquillas. Freepik

¿Y por qué no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos?

Hay que buscar la razón en el cerebelo. Cuando es otra persona la que nos hace las cosquillas, el cerebro trabaja para predecir qué va a ocurrir y no saber hacia dónde va a ir el movimiento nos genera estrés y reaccionamos con convulsiones o con una carcajada.

Si intentamos nosotros mismos hacernos cosquillas, el cerebelo avisará al resto del cerebro de qué vamos a hacer para que filtre el estímulo y evite gastar energía de forma innecesaria interpretando las señales de nuestro propio cosquilleo.

El cerebro, como en este caso no tiene ninguna incertidumbre contra la que actuar, suprimirá la actividad en la parte de la corteza cerebral relacionada con la percepción y por eso al hacernos nosotros cosquillas no sentimos ni reaccionamos de la misma forma que cuando entramos en contacto con alguien.

La próxima vez que alguien te haga cosquillas ya sabrás el motivo por el que te ríes aunque en realidad la broma no te haga ni pizca de gracia.

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