Bilbao. Juan Carlos Aguilar era un viejo conocido en la zona de las Cortes, donde se le veía con frecuencia. No acostumbraba a contratar los servicios sexuales en los locales, sino que, según relatan a DEIA, prefería hacerlo a pie de calle. "Muchas no le recuerdan porque iba disfrazado", explica María Elena.
Y es que el maestro de artes marciales que, durante años, engañó con sus poderes sobrehumanos a alumnos y fieles dedicaba las noches a otros quehaceres que, al parecer, satisfacían sus deseos más oscuros. Según explica la colombiana María Elena, Juan Carlos Aguilar ocultaba su identidad bajo una peluca que utilizaba para realizar sus rondas nocturnas y no ser reconocido. "Era una persona conocida, con un prestigio. Imagino que lo haría por eso", cuenta.
Aunque frecuentaba los clubes y bares de nigerianas, el falso shaolín acostumbraba a tomarse una copa antes de iniciar su ronda por la calle. "El tío conocía muy bien a las chicas. Las tenía fichadas a todas ", relata Neli. Además, según describen, Juan Carlos Aguilar tenía "gustos sexuales muy extraños". "Era violento y tenía gustos raros", apunta Lili, joven nigeriana que coincidió con él en una ocasión. "Menos mal que no me fui con él. Se marchó. Era raro, pero no hasta el punto de que fuera un asesino ", apunta llorando.
Neli conocía a Ada, con la que compartió la calle muchas noches. "Era una chica muy dulce, de las más guapas de las Cortes", describe. "Ada no tenía familia aquí. Este asesino no está loco, sabía a por quién iba y lo que quería hacer", relata. Lili asegura que cuando vio la foto del falso shaolín en prensa no se dio cuenta de quién era. "En cuanto salió el nombre de Ada reaccioné. Me quedé sin palabras", afirma.