Bakio - Se aferra al mar, al agua, a las rocas... Los días de su vida no se han regido por los minutos y las horas, sino por las mareas, por los ritmos sinuosos de las olas. Miguel Uriarte es un vecino de Bakio que atesora 50 años como percebero. Personaje polifacético, ha diseñado, decorado y puesto en marcha negocios hosteleros de renombre e incluso ha tocado el mundo de las antigüedades. Y sobre todo y ante todo, conoce al dedillo a su municipio, su Bakio natal. Y a esa mar revoltosa que besa su playa.

Playa, txakoli, surf... este municipio es todo eso pero también otras muchas cosas.

-Claro que tiene más. Toda la costa es súper bonita. Y también el río de Bakio. Se llama Estepona, lo cual es muy curioso porque en Málaga hay un pueblo que se llama así. Es un río que tiene cascadas y sitios guapos. Lo que pasa es que está poco explotado. Se debería hacer algo para que lo conocieran los excursionistas.

¿Cuál es el rincón de Bakio que más le apasiona, que más recomienda?

-Lo mío está ahí en frente: la mar. Para mí venir al muelle y ver cómo está la mar es lo más bonito.

Su vida está muy ligada al agua.

-Mucho. Pescando, cogiendo percebes. ¡50 años cogiendo percebes!

¿Y siguen quedando?

-Todavía sí. Hay temporadas que hay menos, otras que más... Lo que pasa es que cada vez hay más gente que coge, y coge sin medida. Eso hace mucho daño. Pero el percebe si se le deja, se recupera muy rápido.

Mucho sabe usted sobre ese célebre pecio de Bakio, aquel barco que se hundió...

-Hace unos 50 años se encontró un ancla del pecio, y años después, unos chavales buceando o haciendo surf, encontraron unos cañones. Con el tiempo, estos volvieron a aparecer. Entonces hablé con el Ayuntamiento para que hablara con Costas y ver si se podían sacar dichos cañones. Había que aprovechar el momento, porque sino, igual no volvían a verse hasta dentro de mucho tiempo. Encontramos doce cañones, y sacamos ocho, poco a poco, con mi txalupa pequeña, unos cables largos y la excavadora del Ayuntamiento.

¿Qué lugar de Bakio que esté fuera de los circuitos turísticos habituales recomendaría?

-Me gustan mucho los caminos por el monte desde los que vas viendo la mar. Aunque ahora están llenos de zarzas.

Pasó toda su infancia y juventud en Bakio. Tendrá muchos recuerdos.

-Ya desde pequeño venía todos los días a ver la mar. Empecé a coger percebes con 14 ó 15 años. Y fui el primer socorrista de Bakio. Recuerdo un día, siendo ya socorrista, antes de empezar la temporada, que vine a la punta del muelle a mirar la mar, a ver cómo estaba. Apareció una señora pidiendo ayuda porque había gente ahogándose. Soy bastante impulsivo y me acerqué al agua y allí estaba una familia: padre, madre e hijo. Me quité la ropa y me tiré al agua. Me quedé en calzoncillos y cuando nadaba los calzoncillos se me iban a la punta de los pies. Al final, tuve que quitármelos y tirarlos por ahí. Subí a los tres en una colchoneta y les acerqué a la playa. Salí del agua en pelotas (recuerda riéndose).

¿Cómo era trabajar de socorrista en aquel entonces?

-Pues no teníamos más que dos aletas, un cinturón y una cuerda.

Con esa vinculación que ha tenido con la mar, ¿nunca le ha dado por el surf, que es algo tan de Bakio?

-Es que en mis tiempos cogíamos olas con una tablita de pecho o con aletas. Entonces no había gente que hiciera surf. En cambio, mi hijo Ander es un buen surfista.

Ya están aquí los veraneantes. ¡Cuan distinto este pueblo durante la época estival!

-Pues sí. Cambia mucho. Para los que estamos acostumbrados a estar aquí todo el año, es demasiada gente. No puedes aparcar, los bares están llenos... Pero el veraneante da vida. Es importante. Sobre todo para la hostelería.

¿Qué plan le gusta hacer en Bakio?

-Suelo bajar al mediodía y me tomo un par de txakolis con algún amigo y voy a comer. Si está la mar buena, y no he ido por la mañana, después de comer, salgo al agua.

No hay manera de separarle de la mar.

-No. De hecho, ahora, cuando te deje, si no sale viento, allí que me voy.

Hubo una época en la que en el municipio había mucho espárrago en los arenales.

-Sí, sí. Eran un poquito más amargos que los de Navarra. Justo cuadraba que se solían sembrar con la patata nueva. Y se preparaban de una manera especial: se cocía la patata, luego el espárrago y se sacaban con refrito o con un poco de aceite crudo. Era una cosa rica. No era habitual en otros pueblos y cogió fama.

Este es un pueblo que ha desarrollado su actividad económica más en la tierra, en el baserri...

-Es un pueblo que siempre ha mirado hacia el interior. Ha sido agricultor. Poco a poco se han ido quitando las vacas, la gente ha ido a las fábricas a trabajar y ahora se mirá un poco más hacia la mar. Casi todos saben nadar. Antes muchos no sabían.

Vecino de bakio y percebero de toda la vida