MÁS de 116 años de historia, pero solo 35 de actividad. Muchos pelotaris y muchos espectadores disfrutaron de sus instalaciones durante el tiempo que permaneció en uso, pero en su interior, la protagonista siempre fue la misma, la pelota. Considerado como La Capilla Sixtina de los frontones europeos del siglo XIX -es el único que perdura de los 30 que tuvo la capital estatal en aquella época-, el Beti Jai de Madrid ha sobrevivido a lo largo de los años a infinidad de contratiempos hasta que ayer, por fin, fue considerado como Bien de Interés Cultural (BIC), tal y como anunció en la rueda de prensa el consejero de Cultura y Deporte de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. Aunque fue en el año 1991 cuando se iniciaron los trámites para que el recinto se convirtiese en BIC y anteriormente se declaró como protegido en el Plan General de Madrid, todo quedó paralizado.
El pasado mes de mayo, la Comunidad de Madrid recuperó el expediente y, "asumiendo el compromiso anunciado en el Parlamento", volvió a impulsarlo para que el frontón se convirtiera en un BIC tal y como recordó González. De esta manera, el Ayuntamiento madrileño ha obligado a la empresa propietaria de la legendaria cancha a que tome las medidas necesarias para que el Beti Jai pueda conservarse y protegerse. Además, como reconoció el consejero de Cultura, con esta medida "al inmueble se le otorga la máxima protección".
Una vez que ha sido considerado como BIC, los proyectos de recuperación del frontón deberán ser autorizados por la Dirección General de Patrimonio Histórico y, sus usos sean deportivos o no, tendrán siempre que respetar los valores fundamentales que definen el inmueble y que su incorporación sea compatible con la normativa de protección de los bienes de interés cultural. Gracias a la declaración, el Beti Jai madrileño no será víctima de la especulación inmobiliaria y seguirá vivo, no se convertirá en un hotel, como así se pretendía desde algunos sectores.
Una historia centenaria Fue en el año 1891 cuando la idea del frontón fue cogiendo forma. Gracias a la Sociedad Arana, Unibaso y Cía y un desembolso de 100.000 duros, el sueño se hizo realidad y, finalmente, el 29 de abril de 1984 fue inaugurado. Su arquitecto, Joaquín Rucoba, se inspiró en otra de sus creaciones, en el Teatro Arriaga, para idear la fachada principal del frontón. Pese a la buena acogida que tuvo en sus inicios, la moda de los frontones cubiertos se fue apoderando poco a poco de la sociedad y, así, en 1919, el Beti Jai tuvo que bajar la persiana.
Solo duró 35 años desde la fecha de su bautismo. Su capacidad, cercana a las 4.000 localidades, hizo que mucha gente pudiese disfrutar de sus instalaciones. Sin embargo, tras su cierre, muchos han sido los usos que ha tenido el frontón. Así, durante la Guerra Civil fue utilizado como comisaría y cárcel, para posteriormente, una vez finalizado el conflicto armado, pasase a ser un lugar de ensayo para bandas de la Falange. Varios años después pasó a ser utilizado como un taller mecánica. Ahora, 116 años después de su inauguración, el Beti Jai seguirá vivo, se garantiza su conservación así como su protección. Eso sí, su próximo uso todavía es un misterio que el tiempo descubrirá.