El pasado viernes se cumplieron 40 años de la victoria de Felipe González en las elecciones generales que catapultó a los socialistas al Gobierno español por primera vez desde la República y transformó el Estado en muchos aspectos, algunos positivos y otros más perjudiciales. Fue el inicio de 14 años de mandato de un presidente que, si bien fue recibido como la esperanza modernizadora de una izquierda moderada y europeísta, terminó lastrado por la corrupción, por la guerra sucia y por unos muy malos datos económicos y de desempleo. 

Algo similar supuso el legado de González para Euskadi, ya que si bien el suyo fue un tiempo en el que se desarrollaron la autonomía vasca y los mecanismos de autogobierno recogidos en el Estatuto, también fue la época de una controvertida reconversión industrial que afectó sobremanera a la CAV. Y, en el plano más oscuro, con el PSOE llegó la puesta en marcha de los GAL y la época más turbulenta de la guerra sucia contra ETA. 

Así pues, fueron años de claroscuros para la sociedad vasca en unos mandatos que sirvieron para afianzar Euskadi como comunidad autónoma de referencia, pero generaron también una notable inestabilidad por la constante violencia y por la transformación radical de una economía industrial en la que muchos trabajadores se quedaron por el camino. 

“Un Gobierno socialista era un paso necesario para consolidar la democracia española y vencer las amenazas”

Ramón Jáuregui - Vicelehendakari entre 1987 y 1991 y líder del PSE entre 1988 y 1997

Ramón Jáuregui, hombre fuerte de González en la CAV y vicelehendakari de 1987 a 1991, vivió de primera mano los entresijos de esta primera época en democracia de los socialistas en el Gobierno español. También estuvo en primera línea política en aquellos años Iñaki Anasagasti, en su caso como portavoz del PNV en Madrid. Ambos desgranan para este diario sus experiencias a partir de 1982 y sus valoraciones sobre el legado de Felipe González a 40 años vista.

Jáuregui recuerda la llegada de González a Moncloa como un momento de ilusión colectiva. “Fue una victoria largamente buscada desde que estábamos peleando en la clandestinidad. Las elecciones del 77 en cierto modo fueron aceptadas como una derrota digna, pero luego en el 79 sufrimos mucha decepción. Después del golpe de Estado del 81 ya todo hacía pensar que iba a llegar la victoria socialista y la verdad es que la de aquellas elecciones del 82 fue una noche memorable para nosotros”. 

“En la reconversión industrial hubo mucha insensibilidad, ocasionó dolor y se tenía que haber hecho de otra forma”

Iñaki Anasagasti - Portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados entre 1986 y 2004

En el PNV, en cambio, lo vivieron con más escepticismo porque la relación con los socialistas estaba tocada en aquel momento. “Nosotros habíamos estado con los socialistas en el Gobierno vasco en el exilio casi 40 años, pero cuando se constituyó el Consejo General Vasco en 1978, el consejero socialista del Gobierno vasco, Juan Iglesias, dimite. Eso no nos gustó mucho porque queríamos que todo el Gobierno vasco que había habido durante 40 años en el exilio se presentara unido en el año 79 y que no hubiera divisiones”, explica Anasagasti, antes de recordar que a dicho desacuerdo se le sumaron después los relativos a la discusión estatutaria vasca y a la LOAPA, cuestión esta última en la que Felipe González cambio de opinión para enfado de los jeltzales: “Ahí se produce un enfrentamiento personal entre Xabier Arzalluz y Felipe González. González le había dicho que ellos no iban a homogeneizar el proceso autonómico porque él era sevillano y en Andalucía, con una con una especie de coordinación de diputaciones, era suficiente. Después González cambió el discurso diciendo que Andalucía era una nación histórica, con los mismos derechos que la vasco, la catalana o la gallega”.

“Hubo acciones policiales totalmente reprobables y que perjudicaron la lucha por la paz”

Ramón Jáuregui - Vicelehendakari entre 1987 y 1991 y líder del PSE entre 1988 y 1997

Consolidar la democracia

Jáuregui cree sin embargo que en la CAV la victoria socialista fue “ampliamente respaldada como un paso más” en la consolidación de la democracia. “La Transición política española estaba demasiado cargada de tensión y de amenazas; entonces, había como una expectativa de que un Gobierno socialista era un paso necesario para consolidar la democracia española y para vencer todos estos riesgos que estaba sufriendo esta democracia, porque había un golpismo objetivo y había amenazas terroristas muy serias. En el País Vasco había también una demanda de una democracia consolidada y, sobre todo, de una apuesta más esperanzadora en el entendimiento con el nacionalismo”, desgrana quien fuera líder del PSE.

En el ámbito estatutario, tocaba el desarrollo del autogobierno y, si bien llegaron transferencias históricas como la de Sanidad, otras quedaron estancadas. “En los primeros años de González, del 82 al 86, todas las transferencias fueron a cuentagotas y se establece un sistema malo y que no hemos podido cambiar en 40 años, que es el tú me pides y yo transfiero si me interesa”, explica Anasagasti, que cree que en cuestión de traspasos y del Estatuto el PSOE fue “rácano” en aquellos años. “Sí admito que se transfirió el Insalud, que se convirtió luego en Osakidetza. Pero se fueron empezando a poner más dificultades. También es verdad que el tema de ETA lo distorsionó todo”, añade.

“En los primeros años de González, del 82 al 86, las transferencias llegaron a cuentagotas”

Iñaki Anasagasti - Portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados entre 1986 y 2004

Jáuregui opina que el avance real en el autogobierno se dio un lustro más tarde, cuando socialistas y jeltzales comenzaron a gobernar juntos en la CAV: “Aquel Gobierno estuvo sustentado sobre la base de una generosa interpretación de la realidad vasca. En primer lugar, porque en términos de la reconversión industrial había que hacer un esfuerzo económico muy grande. Y porque el autogobierno incluyó avances considerables, la consolidación del Cupo, la transferencia de la sanidad y las grandes infraestructuras en el Gran Bilbao”.

La polémica reconversión

Precisamente, la reconversión industrial fue uno de los mayores quebraderos de cabeza para unas instituciones que debían abordar sin demora un problema estructural de enormes dimensiones en la economía vasca y española. Quien fuera portavoz del PNV en Madrid cree que desde Moncloa las cosas no se hicieron bien y faltó empatía: “Hubo mucha insensibilidad en ese tema y fue muy duro porque no se previó. Se tenía que haber visto de otra manera y haber actuado de otra manera, ya que ocasionó muchísimo dolor y aquellos enfrentamientos en el Puente de Deusto que todavía la gente recuerda”.

La de Jáuregui es una visión más optimista y pragmática al respecto, ya que considera que la reconversión era inevitable y se hizo de la mejor manera posible. “Son cosas que hay que hacer, son procesos y los países que no los abordan quedan envejecidos. En cambio, los países que los abordan son capaces de modernizarse. Nosotros teníamos una industria acatarrada y sectores muy maduros que ya no podían competir con la globalización”, rememora quien además era secretario de la UGT en Euskadi en ese 1982.

En una valoración general de la época de González, Anasagasti reconoce aspectos positivos en su mandato: “Por ejemplo, la modernización de la sociedad española, que estaba anclada en usos y costumbres del pasado. Y el tema de la entrada en la UE”. Jáuregui, por su parte, vivió aquellos años con ilusión e intensidad al militar en el partido de Gobierno y, sobre todo, destaca la importancia del primer Ejecutivo vasco de coalición entre jeltzales y socialistas en 1987 y el Pacto de Ajuria Enea. “Implicaba una manera de construir el país desde la pluralidad que estuvo muy presente en los discursos de Ardanza. El punto de inflexión de la lucha por la paz se inicia en aquel pacto”, concluye.

LOS AÑOS DE PLOMO Y LA ETERNA SOMBRA DE LOS GAL

No se puede repasar la trayectoria de los gobiernos de Felipe González sin hacer hincapié en la guerra sucia contra ETA puesta en marcha por el Estado y, especialmente, en la creación de los GAL por parte de altos cargos socialistas, con la eterna sombra de si el propio González estuve personalmente involucrado.

Sobre los GAL, Ramón Jaúregui hace autocrítica: “Hubo acciones policiales que fueron totalmente reprobables y que perjudicaron enormemente la lucha por la paz. Yo creo que hay que reconocerlo así. Fueron fruto de aquel contexto y seguramente también de un sistema, el policial, que la democracia española no dominaba por completo. Desgraciadamente, pasaron cosas que no debieran de pasar”.

Iñaki Anasagasti evoca la figura de Ricardo García Damborenea, condenado años más tarde por poner en marcha el grupo parapolicial: “Era un personaje tremendo”. Cree el exdiputado jeltzale que los socialistas “tenían un peso dentro al ser víctimas de la violencia de ETA, y eso a veces no les dejaba actuar como era debido”. “Y ETA mataba más que nunca. Pero claro, la respuesta adecuada no era crear los GAL y matar a 28 personas”, resume.

ETA era la principal amenaza de aquel primero Gobierno del PSOE que llegó en los llamados años de plomo, con la organización con una capacidad operativa en máximos y atentados terroristas todas las semanas.

“En lo personal, yo no he sufrido más en mi vida que asistiendo a cientos de funerales. Es algo que forma parte de nuestro pasado y no debemos olvidar. Pero tengo que decir también que miro la Euskadi de hoy y me siento muy orgulloso de que hayamos acabado con la violencia. Yo creo que además lo hemos hecho muy bien. Sin concesiones políticas, por supuesto, y aceptando que quienes mataban hoy pueden hacer política”, defiende Jaúregui, que cree que el Pacto de Ajuria Enea se cumplió a rajatabla en dicha materia: “Esa fue la fórmula, y los principios del pacto de Ajuria Enea se han respetado escrupulosamente hasta el final. Y creo que es una de las cosas de las que podemos sentirnos orgullosos.