mE avergonzaría haber cedido al miedo”, señalaba José Ramón Recalde en la última entrevista concedida a este diario en marzo del pasado año, meses antes de cumplirse 15 años del atentado de ETA que sufrió a las puertas de su casa de Igeldo. Un pistolero trató de silenciar aquel día a un luchador infatigable por la libertad y la convivencia que, años antes, batalló contra el franquismo hasta dar con sus huesos en la cárcel. Doctor en Derecho por la UPV/EHU y catedrático en la Universidad de Deusto; exconsejero de Educación, Universidades e Investigación y Justicia de 1987 a 1995 con los Gobiernos vascos de coalición entre PNV y PSE en la época del lehendakari Ardanza; referente del socialismo y voz autorizada en la política vasca, Recalde falleció ayer víctima de una embolia pulmonar surgida tras las complicaciones de una neumonía, en Donostia legando una profunda huella en la familia socialista.
“Ha sido una persona comprometida con los valores democráticos y las libertades, tanto en el franquismo como tras la llegada de la democracia”, resaltaba ayer una nota de condolencia del Gobierno vasco sobre el fallecimiento de Recalde, cuyo partido se sumió en el dolor en el transcurso de la capilla ardiente instalada ayer por la tarde en el tanatorio donostiarra de Zorroaga. El PSE, el partido en el que había militado durante la mayor parte de su trayectoria política, subrayó su condición de socialista comprometido “por la libertad siempre con una dignidad que es un ejemplo para todos nosotros”. “Fue un luchador, incapaz de callar ante las injusticias, un batallador que ha antepuesto siempre sus principios, sin arredrarse ante las amenazas de los que pusieron en riesgo su propia vida”, resumían las palabras de la secretaria general, Idoia Mendia, sobre una figura política dotada de una fe inquebrantable que luchó contra el franquismo y contra ETA.
Contra la dictadura se rebeló desde bien joven, cuando en la década de los sesenta fundó un pequeño partido -llamado ESBA- que se unió al Frente de Liberación Popular (FLP, también conocido como Felipe). Su militancia le supuso la detención y la tortura de la policía franquista, tras lo que fue juzgado por un Consejo de Guerra. Fue sentenciado a prisión entre 1962 y 1963. El paso por la cárcel, no obstante, no apagó sus ansias de libertad. Fundó con su mujer, Teresa Castells, la mítica librería Lagun, ubicada en principio en la Parte Vieja donostiarra. Y vendió libros considerados peligrosos por el régimen, lo que le valió algún que otro quebradero de cabeza no solo con los franquistas, sino que también con grupúsculos de ultraderecha como los Guerrilleros de Cristo Rey. La llegada de la democracia supuso su desembarco en la política institucional, una actividad de la que no se apartaría hasta décadas después.
Su currículum político es extenso: de 1976 a 1978 fue director de Derechos Humanos en el Consejo General Vasco; de 1987 a 1991 ostentó el cargo de consejero de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno vasco, que en buena parte ejercía siendo portavoz socialista junto al entonces peneuvista Joseba Arregi. De ahí pasó a la consejería de Justicia, en 1991, en el gobierno tripartito de Ajuria Enea comandado por José Antonio Ardanza. Dejó su cargo en favor de otro histórico miembro del socialismo vasco como Ramón Jáuregui y fue nombrado vocal del Consejo Consultivo de la Agencia de Protección de Datos en enero de 1995, en el Ejecutivo español entonces presidido por José Luis Rodríguez Zapatero.
atentado de ETA Una vez abandonó la primera línea política para centrarse en otros menesteres, Recalde sufrió el zarpazo de ETA en sus propias carnes. Corría el año 2000, una época de muchos atentados en la que algunos “buenos amigos”, como él mismo calificaba a Fernando Buesa, Juan Mari Jauregi, Ernest Lluch y José Luis López de Lacalle fallecieron a causa de la actividad criminal de la organización armada. El siguiente en esa macabra lista pudo ser él, pero consiguió salvar la vida. Fue un 14 de septiembre cuando un pistolero le descerrajó un tiro en la boca. El atentado estuvo a punto de silenciar su voz. Fue operado de urgencia durante cinco horas, toda vez que el plomo del proyectil le destrozó la mandíbula y los dientes. Pese a la gravedad de las heridas, la trayectoria de la bala evitó males mayores.
La sentencia de la Audiencia Nacional de diciembre de 2012 condenó a Óscar Zelarain Ortiz como autor material del atentado, a Andoni Otegi Eraso y a Juan Carlos Besance Zugasti como cooperadores necesarios, y a Francisco Javier García Gaztelu,Txapote, como inductor. Pero Recalde no se fijó en nombres concretos, sino que vio a la organización armada como responsable. “Pienso que el culpable ha sido ETA, me da igual quién es el encargado de apretar el gatillo, para mí es lo mismo”, señaló a este periódico hace un año, con la organización armada ya silenciada y rememorando unos hechos de los que tomó “distancia”, aunque le marcaran en lo que le quedaba de una vida que ayer se apagó. La familia socialista vasca, que pudo verle por última vez en un acto celebrado en Donostia este pasado 12 de julio, prevé rendirle un homenaje mañana.