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La marquesa que pasó de sangre azul a roja

Carmen Gurtubay y Alzola rompió moldes al posicionarse a favor del socialismo y ofrecerse a trabajar para el PNV

La marquesa que pasó de sangre azul a rojadeia

Hay biografías que son cuanto menos curiosas. La de Carmen Gurtubay y Alzola es un buen ejemplo porque su vida se puede resumir en una frase: La marquesa que cambió su sangre azul por la roja. Tal fue su revolución personal en la época que le tocó vivir que antes de fallecer a unos jóvenes 48 años dejó escritas sus memorias y su propia madre prohibió su publicación.

Tuvo en su poder el título del Marquesado de Yurreta y Gamboa; cuando se casó por primera vez, su novio tuvo como testigo a José Antonio Primo de Rivera, más adelante dictador y fundador de la Falange; fue detenida posteriormente en tres ocasiones por la policía franquista; tuvo relación con Manuel de Irujo y se ofreció a colaborar con el PNV; apoyó el socialismo de Indalecio Prieto... Sus restos descansan en el cementerio parisino del barrio bohemio de Montparnasse.

Según una investigación del historiador iurretarra Jon Irazabal Agirre, de Gerediaga Elkartea, Carmen Gurtubay y Alzola nació en Madrid el 4 de junio de 1910. Hija única de Juan de Gurtubay y Blanca Alzola sufre siendo niña, en 1912, el fallecimiento de su padre. Su madre se casa en 1920 de segundas nupcias con José Alfonso de Bustos y Ruiz de Arana, conde de Andría. Como regalo de bodas, el rey Alfonso XIII le concede el título de marquesa de Iurreta. Al de pocos años su madre, condesa de Andría, traspasa el título de marquesa a su hija Carmen, convirtiéndose en la segunda marquesa de Iurreta. Posteriormente, y debido a su azarosa vida, este marquesado fue repudiado o no reconocido por su familia, y en los anales de la misma figura Carlos de Alzola y González de Castejón como segundo marqués.

Se puede decir que su juventud transcurrió como solía ser habitual entre jóvenes de su alcurnia. Acudir a las fiestas de sociedad, practicar deportes destacando como amazona y en el golf, viajar por Europa... Por ejemplo, para acudir a la boda entre Jacobo Fitz-James Stuart y Falco XVII, conde Alba, y María del Rosario de Silva y Gurtubay San Vicente, marquesa de Barco, padres de la famosa Cayetana de Alba. Carmen fue la elegida para llevar la cola del vestido de la novia. Las madres de Carmen y Cayetana eran primas. Era habitual su presencia en las páginas de sociedad del diario ABC. En 1928 se dice de ella: “Mari Carmen Gurtubay y Alzola, la popular Gugú, hija de la duquesa de Andria, es una criatura deliciosa y original. Aficionadísima a los deportes. En todos se distingue por su intrepidez y habilidad. Igualmente encantadora en el golf que guiando su auto por la Castellana, o vestida de andaluza, haciendo galopar una jaca de sangre en la Feria de Sevilla”.

Conciencia social A pesar de las apariencias, parece que esta juventud fue algo diferente de las de las otras jóvenes aristócratas. Según cuenta ella misma, en 1946 se licenció en Filosofía y Letras y además de hablar inglés y francés dominaba el italiano y portugués. En esta época empieza a constatar las diferencias sociales que hay entre su vida y la de los obreros de su familia y empieza a germinar en su interior una conciencia social que será uno de los focos de los problemas que arrastrará a lo largo de su vida.

En 1931 se casa con Alfonso Merry del Val, primo suyo y diplomático de la embajada española en Washington. “Entre los testigos del novio firma el acta matrimonial José Antonio Primo de Rivera, que posteriormente fundará la Falange. Durante la contienda, Alfonso será junto con el Conde de Alba un destacado agente de Franco en Londres, donde negará inicialmente los bombardeos de Durango y Gernika y posteriormente los justificará por su interés militar”, explica Irazabal.

Las diferencias ideológicas provocaron continuos desencuentros entre ambos cónyuges, siendo disuelto el matrimonio por decreto papal en 1932. Alfonso era sobrino del cardenal Rafael Merry del Val, secretario del Santo Oficio -la inquisición- hasta su muerte en 1931, y su familia gozaba de amplias influencias en el Vaticano. En 1936 apoya el Estatuto Vasco publicando artículos en su favor en La Vanguardia de Barcelona. No milita como afiliada en ningún partido pero públicamente se muestra afín a la rama más moderada del PSOE liderada por Indalecio Prieto.

El 4 de julio de 1936, dos semanas antes del inicio de la guerra, se casa en Canarias por lo civil con Ángel Fernández de Liencres, marqués de Nájera, un enlace que no es del agrado de su entorno. Iniciada la guerra se traslada a Barcelona y posteriormente a París donde trabaja en pro de la República española. En 1938, estando en París, su padrastro fallecerá en Sevilla.

En 1942 regresa al Estado, donde ejerce de agente secreto para los aliados tal y como lo reconoció el Gobierno de Estados Unidos en 1997 en el informe Eizenstat. Trabaja entre España y Portugal informando del tráfico de obras de arte y oro que están desarrollando los alemanes. Es detenida varias veces por la policía española y portuguesa a petición de agentes alemanes.

En agosto de 1944 la ciudad de París es liberada y en mayo de 1945 Alemania se rinde, terminando la guerra en Europa. Carmen tiene muchos problemas con el régimen de Franco y el 1 de octubre de 1945 se exilia nuevamente ante las informaciones de que será detenida nuevamente, por tercera vez, por la policía franquista.

Delegada en Rumania Entre los años 1946-1950 mantiene una gran relación con Manuel de Irujo, miembro de EAJ-PNV y ministro del Gobierno de la República en el exilio. Se ofrece desinteresadamente como delegada en Rumanía. Participa en el Congreso por la Libertad de la Cultura celebrado en Berlín en 1950 e interviene en las conversaciones entre republicanos y monárquicos en aras a un derrocamiento de Franco y a la instauración de un régimen democrático.

En 1948 se casa con John Mckee-Norton, canadiense expatriado en Inglaterra al cual conoció en el bar de Hotel Ritz de París. John dice en sus memorias: “Yo estaba interesado, confundido e intrigado por esta pequeña mujer española, con ojos brillantes oscuros y hermosas, manos huesudas con largas uñas de color rojo, como rubíes”.

Madame La Marquise murió el 23 de enero de 1959 en París a los 48 años de edad, siendo enterrada en el cementerio de Montparnasse. Jennuy Bradley, propietario de la agencia literaria WA Bradley, la convenció para que escribiera sus memorias, una biografía que continúa inédita ya que a su muerte fue a parar a manos de su madre, quien impidió su publicación. De hecho, esta volvió a asumir el marquesado y la familia borró de la historia los años en que Carmen Gurtubay y Alzola ostentó dicho título.