AQUELLA muerte súbita tan épica donde el argentino Ángel Cabrera hizo historia -acabó con el sueño americano de Chad Campbell y con el veterano Kenny Perry- parece trasnochada cuando solamente ha transcurrido un año. La caída del mito, la ristra de infidelidades de Tiger Woods, su retirada y retorno, ha eclipsado cuanto de fenómeno haya pasado en un green en los últimos meses. Augusta, el Masters por excelencia que arranca hoy (Canal Golf-Digital+), devuelve el golf, en su esencia, al escaparate. Aunque el foco seguirá puesto en el icono estadounidense. No en vano, la expectación levantada solamente es comparable a la generada por Michael Jordan cuando decidió volver a los Bulls en 1995.
El Augusta National llega como el escenario ideal para que el Tigre, junto a su caddie Steve Williams, salga del hoyo. Conoce a la mayoría de los empleados y está en condiciones de disfrutar de sosiego cruzando Magnolia Lane, la arbolada avenida que conduce a la casa club, aislado del enjambre. El público, los patrons, es selecto y reducido, entre 25.000 y 40.000 abonados que cada año renuevan su derecho a atravesar la cancela de Washington Road con lista de espera cerrada desde 1978. La prensa, limitada, renueva anualmente credenciales y no está autorizada a moverse por dentro de las cuerdas. Además, fue el primer grande que inscribió en su palmarés, en 1997, y, seguramente, su torneo favorito, donde ya se ha enfundado cuatro chaquetas verdes.
Los medios que tratan y hablan de golf lo juzgan por sus registros hasta mediados de noviembre de 2009, tal y como se evidenció en el fuerte aplauso con que se le dio la bienvenida el pasado lunes. Hablamos de 56 Grand Slams disputados, 52 terminados, 14 victorias, 6 segundos puestos, 23 terceros, 26 Top 5 y 32 Top 10, 101 golpes bajo par, un promedio de 70,63 golpes, y 21,6 millones de dólares sólo ganados en los torneos de enjundia. Más de uno pensará que si con todos los líos extradeportivos Woods fue capaz de lograr todo esto, hasta 82 torneos en todo el mundo y 1.000 millones en premios, ¿qué no podrá embolsarse ahora que arranca "una nueva vida para ser una mejor persona"? "El hecho de ganar torneos es irrelevante en comparación con todo el daño que he causado. Me desvié de mis valores", confesó ya repuesto de su adicción al sexo y negando con rotundidad haberse dopado en alguna oportunidad. "Este es el lugar adonde perteneces, Tiger. Esto es lo que amas", le recordó Mark O"Meara en la secreta práctica del último domingo, mientras bajaban juntos por el fairway del hoyo 10.
els y mickelson, los rivales Tras su acto de redención rogando perdón por todos sus pecados, el marido de Elin Nordegren tendrá que deshacerse de rivales como Els y Mickelson, actualmente número tres mundial y antítesis yankee de lo que representa Tiger. El californiano conquistó su primer Major en Augusta en 2004, para repetir en 2006, y quiere brindar a su familia un triunfo de ensueño después de que tanto su esposa como su madre padecieran un cáncer de mama que le obligó a la retirada momentánea. También en las quinielas sube enteros el sudafricano. La vida de Big Easy tampoco es fácil. Ésta cambió cuando anunció al mundo que su hijo Ben, por entonces de 5 años, había sido diagnosticado de autismo. Lo hizo una semana después de su triunfo en el Honda Classic (marzo de 2008). Hasta esa conquista, el ambiente del golf se preguntaba qué pasaba con uno de los mejores jugadores del circuito, que firmaba una sequía de títulos de cuatro años en los Estados Unidos y había extraviado su toque distintivo y deseo de ganar. Entre los competidores europeos, Karlssson, Stenson y Harrington parecen que son los más preparados para dar algo de guerra. De los jóvenes, Camilo Villegas está maduro, y a partir de aquí, hasta los hermanos Molinari, Franceso y Edoardo, podrían dar la sorpresa.
Txema Olazabal se ausentará por vez primera desde 1996. Ya el pasado año tenía dolores para andar pero podía golpear a la bola. Esta vez su hombro ha dicho basta puesto que le molesta cuando practica su swing, careciendo de suficiente fuerza en las manos y en los brazos. Quizás se vuelva a abrir la esperanza de que Sergio García acabe con su maldición y se haga con el primer grande en su trayectoria. Las apuestas lo sitúan lejos. Su victoria se paga por encima del 70 a 1, y puede que hasta eso le venga al fin bien al castellonense. Álvaro Quirós y Miguel Ángel Jiménez también se presentan a la cita.
el triángulo de las bermudas Un recorrido de 6.765 metros convierte a Augusta en un campo para la supervivencia, de calles empinadas y rincones peligrosos. El Triángulo de las Bermudas que forman el final del hoyo 11 (par cuatro de 462 metros), el hoyo 12 (par tres, 142 metros) y el inicio del 13 (par cinco, 466 metros) ha engullido a más de uno por el caprichoso viento. El periodista Herbert Warren lo bautizó como Amen Corner en 1958 en honor a una canción de jazz. También el par cinco del hoyo 15, con el agua antes del green, es un serio obstáculo. Woods se conoce esto al dedillo. El indio Arjun Atwal, que la semana pasada entrenó con él casi todos los días, afirma que "está jugando mejor que antes y envía incluso la bola más lejos desde su último torneo en Australia allá por noviembre". Toque de campana. Mientras su grupo de amantes posa en Vanity Fair, Tiger se dispone a salir del agujero entonando el mea culpa. "Quiero ser un mejor hombre que antes y padre de familia". Una victoria le reconvertiría en el nuevo héroe americano.