bilbao. Lewis Hamilton es rápido. Lo demostró ayer en el circuito de Albert Park y también por las calles de la ciudad australiana. El inglés fue parado por la policía del país tras conducir de manera "temeraria", según informó McLaren. El piloto de la marca británica al verse con el agua al cuello no dudó en pedir disculpas a los agentes y reconocer su error.
"Esta tarde -por ayer-, iba conduciendo de forma temeraria y me paró la policía. Lo que hice fue estúpido y quiero pedir perdón por ello", señala Hamilton en el comunicado de la escudería. De esta manera, el inglés explicó a los medios su comportamiento al volante, demasiado agresivo para las calles de Melbourne. Le gusta la velocidad a Lewis.
No es la primera vez que el británico protagoniza un escándalo de este tipo. El campeón inglés, en 2007, fue detenido por las autoridades francesas. Lewis circulaba a doscientos kilómetros por hora en una autovía gala. Asimismo, los policías franceses procedieron a quitarle el carné de conducir y multar a Hamilton con 600 euros. En aquella ocasión, el de Stevenage se mostró "colaborador y educado".
Así, el piloto inglés vuelve a la palestra con una retención evitable. Ya han sido varias las agrias polémicas que el joven ha protagonizado en su corta vida deportiva en la élite del motor -desde 2007- tanto dentro como fuera de los circuitos. Hamilton parece no poder aplacar sus ansias sobre el asfalto. Ocurre que en 2008, el año en el que se proclamó campeón del Mundo en Brasil al superar a Timo Glock en una última vuelta de infarto, el de Stevenage fue castigado cinco veces por la FIA, convirtiéndose en el más sancionado en una sola temporada. Con intenciones turbias, se le pudo ver embistiendo por detrás a Alonso y entorpeciendo al resto de pilotos. Esto salpica de antecedentes los comportamientos incívicos del británico. En 2007, ya se vio el lado oscuro de Hamilton. Incapaz de superar a Fernando Alonso en su primera temporada, inició una guerra fría en la marca, entre el inglés y el asturiano, que derivó en la pérdida del título en favor de Ferrari.
Sin embargo, cuando Hamilton se coloca el mono de ángel y las cosas le van bien, su aura de polémica se transforma. Adquiere una dimensión de campeón épica. Ya lo demostró ayer bajo la lluvia, en el trazado australiano de Albert Park en el que se colocó primero en los entrenamientos libres. Y es que cuando Hamilton se esfuerza y el coche le respeta, es capaz de alcanzar límites extraordinarios. La temporada pasada no le acompañó el monoplaza y en Bahrein tampoco. Pese a ello, el británico demostró ayer ser el más rápido en el circuito... y fuera de él.