bilbao. ¿Que el tiempo vuela? Es cierto. Un ejemplo: hoy debuta en la Settimana Internacionale Coppi&Bartali Ricardo Riccó, el primer deportista cazado con CERA, el ciclista que durante el Tour de Francia de 2008 dio la pista definitiva a los responsables de los laboratorios antidopaje sobre cómo la EPO de tercera generación, prácticamente invisible en la orina, era fácilmente detectable en sangre. Fue el primero en caer y, también, el primero en regresar a la competición después de que expirara el pasado viernes la sanción de 20 meses que le impuso la Federación Italiana, una sustanciosa rebaja de cuatro meses -en principio eran dos años- por su colaboración con la justicia en la lucha contra el dopaje.

En su retiro de Etna, en Sicilia, donde se refugió después de que Vania Rossi, su novia, diera positivo por la misma sustancia el pasado mes de enero, un caso rocambolesco, ha perfilado su forma el de Formigine, un chico exaltado, fuera de sí, desafiante y arrogante cuando emergió en 2007 y, sobre todo, en 2008, del que queda bien poco. O, al menos, queda oculto bajo el manto del arrepentimiento, penitencia obligada para los deportistas fraudulentos que desean volver a competir. Así que el nuevo Riccó, aquella Cobra que escupía veneno cada vez que hablaba, se ha convertido ahora en un predicador de buenos hábitos que alecciona desde la experiencia. "El ciclismo es mi trabajo y no cometeré errores del pasado. Perdonadme. Me equivoqué. Me doy cuenta, pero yo soy un hombre y en la vida se cometen errores", explica el italiano, que corre ahora en el Flaminia -"al que doy mil gracias porque me ha dado la serenidad que necesitaba", dice-, en el que se siente resucitado, como en su día Ivan Basso, invadido por la misma sensación que le gobernó en la antesala de colgarse su primer dorsal profesional. "Es mi segundo debut. Soy ciclista desde que era un niño, pero estoy convencido de que éste es el momento más importante de toda mi carrera. He trabajado mucho para aprovechar esta nueva oportunidad", se sincera el ciclista que ahora dice saber que son "los atajos los que conducen a la quiebra del hombre como deportista".