Rumbo al campo 1
Tras dos días en el campo base, Pasaban inicia la escalada al Annapurna
bilbao. "He sentido la montaña". Edurne Pasaban disfruta del Annapurna. "Sí, ya estoy aquí, delante del Annapurna. He contemplado los casi 3.900 metros que nos separan de la cumbre y la he sentido, he sentido las ganas de empezar, el cuerpo ha empezado a bombear adrenalina", confiesa la tolosarra en su página web. Entierra la guipuzcoana los cambios de planes a última hora, la nieve que trastoca el calendario y otros contratiempos y saborea su aventura. La que ya se adentra en la fase excitante, una vez que Pasaban y su equipo se encuentran desde el lunes en el campo base. Hoy mismo, si el tiempo lo permite, abrirán la ruta hacia el campo 1. "El tramo no es del todo complicado, excepto por una zona de rocas, donde calculamos que tendremos que instalar unos 400 metros de cuerda", explica la alpinista vasca.
Y el buen humor, las buenas sensaciones de la ya de por sí optimista Edurne se enfatizan dando un paseo por el campo base del Annapurna, su penúltimo ochomil en la carrera hacia la historia. "Estos últimos días de trekking me han ayudado a desconectar del estrés de la partida, pero todavía no me sentía realmente aquí; no sentía las montañas, no sentía a lo que habíamos venido", lamentaba Pasaban. Eso fue antes de su paseo, de notar la grandeza del Annapurna. "Mientras seguía mirando a la cumbre, sonaba música en mi Ipod… y me he puesto a bailar. ¡No podía parar! Cualquiera de vosotros si me hubiera visto habríais pensado que la altura me ha afectado. Pero no: la altura me ha dado energía para bailar y saltar, para encenderme y ponerme en marcha", cuenta feliz Pasaban. Y es que las jornadas de dura escalada hacia los 8.091 metros de la fiera del Himalaya están a punto de comenzar. El primer día en el campo base se consumió organizando, montando las tiendas, poniendo en marcha toda la instalación eléctrica, distribuyendo la comida... Fue momento también ayer de hacer la Puja, la ofrenda que se hace a los dioses antes de empezar la escalada. "Nuestros sherpas han construido un chorten (altar) donde hemos ido colocando el material que utilizaremos en la escalada, y hemos pedido que todo vaya bien. Después hemos instalado ristras de banderas de oración por el campo base, para que el viento las haga ondear y, de esta manera, las oraciones que van escritas en ellas lleguen a los dioses".