Elogio de la hormiga
Valverde arranca seis segundos de bonificación, se queda a 14 y asedia a Contador
bilbao. En el fastuoso col de Vence, una deliciosa creación de la naturaleza en los Alpes Marítimos, santuario de la ufología y escenario de la aparición de Stephen Roche, que en 1983, cuatro años antes de su temporada milagrosa -en 1987 ganó Giro, Tour y Mundial en una temporada- destrozó el pelotón sobre ese tapiz de asfalto para certificar su triunfo en la París-Niza, los ciclistas, castigados durante toda la semana por el frío extremo, sintieron al fin la caricia del sol en la piel e incluso, alguno como Luis León, se atrevió a desabrocharse el maillot para ventilarse mientras escalaba el coloso, donde no ocurrió nada, pese al temor de Contador ante la llegada del buen tiempo, que solivianta, piensa él, las almas osadas. "La gente no se ha movido, pero es que quedaba mucho terreno hasta meta. Luego, el final tampoco era muy duro como para hacer diferencias", reflexionaba el madrileño en la bucólica Tourrettes-sur-Loup, la penúltima meta de la París-Niza, donde el madrileño retuvo el amarillo, pese a que Valverde le arrancó otros seis segundos de bonificación, y Xavi Tondo, 32 años, firmó un triunfo antológico, el primero con el Cervélo después de siete temporadas habitando en los arrabales del ciclismo.
Queda para hoy, epílogo ineludible, la etapa de Niza, con las subidas al col de la Porte, La Turbie y Eze, 119 kilómetros que Contador conoce al milímetro y que siempre ha afrontado con la mirada encendida, al ataque. La última, el pasado año, tratando de derribar a Luis León, el amigo que le había destronado días antes en Fayence. "Es cierto que casi siempre he aprovechado esta etapa para atacar. Pero esta vez, en un principio, la afrontaré de manera diferente". Correrá a la expectativa, pendiente, sobre todo, de Samuel Sánchez y Alejandro Valverde y Luis León Sánchez, almirantes del Caisse d"Epargne, el equipo que practica la teoría del cultivo, del trabajo concienzudo y diario, con el espíritu de la hormiga, soñando con acabar con Contador, que come y silba con la despreocupación de la cigarra porque sus piernas, "me responden y eso es lo importante", le cuentan que no tiene qué temer pese a que su equipo da muestras de una endeblez preocupante y ayer, por ejemplo, en un grupo de medio centenar de ciclistas, sólo le acompañaba Fofonov.
Y eso que el trabajo se lo cargó a la espalda el Caisse d"Epargne, con un estelar David López, que se cascó más de media subida a Vence y parte de la bajada hasta que reventó. "Lo que hace mi equipo cada día es para quitarse el sombrero", alababa ayer Valverde, que corre como las hormiguitas, dándole mordisquitos al amarillo de Contador gracias a las bonificaciones. El jueves le quitó cuatro segundos, ayer seis y se encuentra a sólo 14 a las puertas de Niza, donde se espera una batalla dantesca con ocho ciclistas apretujados en menos de 40 segundos.
Scarponi ordena la Tirreno En Italia, la Tirreno-Adriático abandonó tras tres etapas la placidez de los esprines para adentrarse en terreno hostil. Ganó Michele Scarponi en la meta colgante de Chieti en una etapa en la que lució Rubén Pérez, fugado hasta los últimos cinco kilómetros. El italiano es líder por delante de Vaugrenard, Bertagnolli, Garzelli, Urán y Evans.