Por un gran puñado de dólares
Bilbao
LA Fórmula 1, al igual que cualquier otro deporte, respira al son que marca la lucha de clases. Por un lado figura la especie adinerada, la que lucha por la gloria, la que se reparte las victorias en la pista y los trofeos en el podio; y por otro está el pueblo llano, el que pelea por sobrevivir, el que considera que poder saltar al asfalto para competir es ya un éxito. Esta máxima vale tanto para las escuderías como para los pilotos. Entre éstos las diferencias son también muy amplias, incluso entre los novatos, siendo el factor diferencial el dinero por encima del talento. En la mayoría de los casos, los títulos obtenidos en las categorías inferiores no garantizan un volante en el Gran Circo, sino que los equipos exigen un importante respaldo financiero en forma de patrocinadores para dar la alternativa a los jóvenes valores. En los últimos años han sido muy pocos los rookies que han escapado de esta premisa. Uno de ellos fue Lewis Hamilton, cuya carrera estaba controlada por McLaren desde que era un niño. Este curso serán cinco los debutantes en la parrilla -Karun Chandhok y Bruno Senna (Hispania), Lucas di Grassi (Virgin), Vitaly Petrov (Renault) y Nico Hulkenberg (Williams)- y entre ellos éste último es el único al que su pericia al volante le ha bastado para llegar a la élite. El cuarteto restante ha tenido que aportar sponsors propios a sus respectivos equipos y Senna ha renunciado incluso a su sueldo.
Hulkenberg luce desde hace años la etiqueta de futurible campeón del mundo sin haber corrido aún ningún Gran Premio. A sus 22 años, este piloto alemán sigue la senda de Michael Schumacher y Sebastian Vettel y ha alcanzado la Fórmula 1 sin depender de patrocinadores. Sus resultados han sido aval suficiente para hacerse con un volante. Frank Williams se quedó prendado de sus cualidades desde que le invitó a un test en Jerez después de que ganara la A1 Grand Prix con la selección teutona. Hulkenberg mejoró los tiempos de Kazuki Nakajima, piloto oficial de la escudería, y se quedó a cuatro décimas de Nico Rosberg, exhibición que le valió para ser probador del equipo las pasadas dos temporadas, en las que además ganó la Fórmula 3 Euroseries y el último certamen de GP2, la antesala de la Fórmula 1. Su nombre llegó a figurar el año pasado en las quinielas para sustituir al decepcionante Luca Badoer en Ferrari y su mánager, Willi Weber, el mismo que dirigió la carrera de El Kaiser, asegura a todo aquel que le quiera escuchar que en tres años Nico estará capacitado para asaltar el Mundial con un cavallino rampante.
Hulkenberg puede darse con un canto en los dientes ante la oportunidad que le brinda Williams, porque sus compañeros de promoción no lo han tenido tan fácil. El caso de Bruno Senna es, como poco, curioso. El sobrino del mítico Ayrton comenzó muy tarde en el mundo de los monoplazas, pero su apellido siempre se consideró un importante reclamo publicitario. Incluso el mismo Bernie Ecclestone había dicho varias veces que le gustaría contar con él en la parrilla a pesar de que sus resultados no han sido hasta ahora espectaculares (su subcampeonato de la GP2 en 2008 ha sido su mayor logro y el año pasado tuvo que limitarse a correr las Le Mans Series ante la falta de ofertas mejores). Ahora, a los 26 años, le ha llegado la hora de debutar en la élite. La oportunidad se la dio Adrián Campos, que pensó que el fichaje de Senna, que correrá gratis, iba a provocar un aluvión de patrocinadores. Se equivocó. Embratel, empresa brasileña de telecomunicaciones, pagará su asiento, pero la falta de otros sponsors estuvo a punto de lastrar el nacimiento de un equipo que ya no tiene a Campos en nómina. Su compañero será el indio Karun Chandhok, cuya presencia en Hispania F1 sólo se entiende por la aportación de empresas de su país, ya que sólo ha sido 10º y 18º en las dos últimas ediciones de la GP2.
Mejor palmarés tiene Vitaly Petrov, subcampeón de la GP2 en 2009, pero el ruso no habría llegado a la Fórmula 1 si varias empresas rusas no hubiesen apoquinado 15 millones de euros. Lo mismo puede decirse del brasileño Lucas di Grassi, siempre en el podio en las tres últimas ediciones de la GP2 pero cuyo volante en Virgin Racing costó otro gran puñado de dólares. Seis, en concreto.