Síguenos en redes sociales:

"¡Sei grande!"

Agirrebeitia deja huella en la Hell"s Gate, la legendaria cita de la Copa del Mundo

"¡Sei grande!"Foto: Deia

bilbao. Así coreaban las cunetas -y aún lo hacen porque aquel eco sigue siendo atronador- italianas cuando asistían borrachas de pasión al paso, sobre todo, de Coppi, Bartali o Pantani: "¡Sei un mito!". Jon Agirrebeitia (Berriz, 1978) conoce el significado, el hondo calado, de ese cántico, pues antes que motorista fue ciclista, y es por ello que la piel aún se le eriza cuando rescata su experiencia en la Hell"s Gate, la legendaria cita italiana del escogido calendario de la Copa del Mundo en la que nunca había corrido un vasco.

Recuerda el barullo, el ruido ensordecedor, y, más nítido, como superpuesto, el grito, pura pasión: "¡Sei grande!". Ocurrió en la cima del tramo más espectacular del selvático circuito, una trialera imposible, cubierta de piedras sueltas del tamaño de una pelota y envueltas por el manto de agua de un pequeño río, que culminaba en un muro de más del 50% de desnivel y 100 metros. A su base llegó el vizcaino sintiendo latir los músculos, resquebrajada su resistencia por la enorme exigencia del trayecto y el apoyo de la voz de Txus Jaio, el piloto de rallys con el que comenzó a montar en moto hace apenas cuatro años. "Del tirón", le grito el markinarra. Fue lo que le catapultó. Cubrió el tramo sin ayuda externa, sin empujones ni el remolque de la cuerda. Una proeza. Sólo otros dos pilotos lograron hacerlo: Dougie Lampkin y Graham Jarvis, los únicos que acabaron la prueba dentro del control, mientras que Agirrebeitia, al menos extraoficialmente, concluyó séptimo.

"Arriba, al final de la trialera, ocurrió algo increíble", relata el propio piloto, maravillado aún con el resultado -"Más de lo esperado en mi primera participación en una prueba como ésta", dice- y encajado en aquel momento; "el público italiano no paraba de gritar y de decirme lo de "sei grande" e incluso me pedían que posase con ellos en las fotos. Fue impresionante". El colofón a un fin de semana jamás soñado y que comenzó con una furgoneta Volkswagen blanca parada con el cuentakilómetros a cero en la puerta de su caserío de Berriz. 1.400 kilómetros después, en la Toscana, se detenía al pie de la gran reválida que a punto estuvo de desmoronarse por una cuestión burocrática. Los jueces no aceptaban el certificado expedido por la Federación Española mientras su licencia se tramitaba. "Pensé que no corría". Le rescató Enrique Corni, piloto murciano que reside en Francia, que se las apañó para convencer a los jueces de que dejasen correr al berriztarra. Fue Corni el que, obnubilado por la actuación de Agirrebeitia, se dirigió a él al finalizar la prueba para decirle: "Has dejado huella". No fue el único. Xavi Galindo, uno de los grandes especialistas catalanes, de esos chicos que aprendieron a montar en moto antes que a andar, mostró su admiración por su extraordinaria forma de desenvolverse aún sin apenas experiencia. "Todo esto", dice Agirrebeitia desde su nube, "me da una fuerza enorme. Haber estado luchando con los profesionales me motiva". Así que en junio, volverá a poner el contador de la Volkswagen blanca a cero y viajará a Austria, a la no menos legendaria Erzberg Rodeo.