BILBAO. De la humillación del perdón público que se le exigía desde que el pasado 27 de noviembre su todo terreno se estrellara contra el tronco de un árbol y estallase así la burbuja de sus excesos sexuales y extramatrimoniales salió Tiger Woods, el mejor golfista de la historia, bien parado. Se limitó a una lectura de quince minutos que realizó de pie en el estrado sobre un fondo de tela azul marino y frente a familiares y amigos. No estaban permitidas las preguntas, que es como plantarse ante un pelotón de fusilamiento que apunta con escopetas cargadas con balas de fogueo. Así que protestaron los escritores estadounidenses que descargan sus plumas hablando del golf y decidieron no contar lo que sus oídos recogieron, sus mentes procesaron y describió emotivo su compatriota Stewart Cink, ganador del último British Open, presente, como Sergio García o Lucas Glover, en la exclusiva sala que acogió la esperada confesión. "Creo que su perdón es sincero", resumió el golfista de Alabama ante la muestra de arrepentimiento de Tiger Woods, en la que anunció también que hoy mismo regresaba a la clínica en la que trata de superar su adicción al sexo y que su reingreso en los campos de golf, que llegará, prometió, queda pendiente de su recuperación psicológica.
La voz de Woods sonó firme, aunque entrecortada por la emoción en ciertos momentos, en una declaración de pesar en la que hizo público su lamento. "Todo se ha debido a mi repetido comportamiento irresponsable. Fui infiel. Tuve aventuras amorosas. Engañé. Lo que hice fue inaceptable y yo soy la única persona a la que culpar por lo sucedido", dijo el deportista que más ingresos tendrá en 2010 pese a que su regreso es aún una incógnita y depende de una recuperación que, aparte de la terapia, espera encontrar en el budismo, la religión que le guió desde su infancia y de la que reconoció haberse apartado "en años recientes" olvidando los preceptos que enseñan que la persecución de cosas externas a uno mismo produce "infelicidad" y una "vana búsqueda de la seguridad". "Obviamente, perdí el rastro de lo que me enseñaron", expresó con aflicción.
"En la terapia he aprendido la importancia de mirar mi vida espiritual y mantener un equilibrio de ésta con mi vida personal", continuó Woods, quien espera retomar la senda buena para "que no se repitan nunca los errores que cometí y me disculpen todas las personas que herí. Estoy profundamente arrepentido. Sólo espero que muchos de los que creyeron en mí, vuelvan a hacerlo en el futuro", dijo ante el grupo de allegados entre los que no se encontraba su todavía esposa, Elin Nordegren, a la que se refirió defendiendo que "todas las preguntas que se hagan sobre este asunto deben ser entre Elin y yo". Fue esa frase, a su vez, una forma de pedir respeto a su intimidad y de justificar que no se les permitiera a los periodistas participar activamente del encuentro, que sí fue televisado en vivo y que se cerró con un efusivo abrazo de Woods con su madre antes de que éste se perdiera por el fondo de tela azul marino.
paisajes para el regreso No cerró Woods la fecha ni el lugar de su vuelta a la competición, lo que defraudó a los que esperaban el anuncio de una inminente reaparición, pero los medios estadounidenses especulan con la posibilidad de que tenga en mente recuperar la forma física para ser competitivo en el Masters de Augusta, primer Major de la temporada que se disputa del 5 al 11 de abril. Para lograr la chispa perdida por la inactividad, los paisajes posibles para su regreso son el Transitions Championship, en Palm Harbor, del 15 al 21 de marzo, y el Arnold Palmer Invitational, del 22 al 28 de marzo, en Orlando, ambos en Florida.