bilbao. Caminando por el páramo del destierro palaciego, despojado Tiger Woods de los atributos que le convertían en icono golfístico -lo que demuestra una vez más que en esto del deporte no basta con poseer un virtuosismo inimitable, en este caso para golpear la pelota, sino que éste ha de completarse con un comportamiento en los parámetros de la moralidad, como ya demostró antes que el caso de Tiger la tirante relación entre la afición francesa y Lance Armstrong, el mejor ciclista en el Tour y, sin embargo, vilipendiado en Francia- y espejo de la rígida sociedad estadounidense que fusila sin contemplación a los Judas que traicionan su confianza y transgreden los límites de la compostura según el decálogo del buen ciudadano -se debió sobrepasar el golfista, golfo en sus relaciones con las mujeres, unas cuantas, pese a estar casado con Elin Nordegren-, suena una voz de leyenda que no desgarra el cuerpo desnudo del héroe caído sino todo lo contrario, lo adula y lo mima: "Sin Tiger el golf está vacío, pero él debe tener paciencia y volver despacio, sin prisas. Si definitivamente se marcha, este deporte pierde muchísimo". El vacío de Tiger al que se refiere Severiano Ballesteros, el gran Seve que se siente como si hubiera ganado su cuarto British Open al derrotar a un cáncer brutal que amenazó seriamente con llevárselo, se llena hoy en Florida, en la antesala de W.G.C.-Accenture Match Play, donde rompe su silencio, el fortín en el que lleva refugiado desde que su coche golpease un árbol el pasado 27 de noviembre reventando así la burbuja especulativa de su infidelidad.
Ocurre que hasta el deshielo de su voz, acto en el que, presumiblemente, pedirá perdón por su incontinencia hormonal y desvelará su futuro deportivo, que pasa por debutar el 22 de marzo en la Tavistock Cup, le ha causado a Woods un nuevo apaleamiento. Esta vez, el vendaval de críticas le llega de sus propios compañeros, que piensan que la ubicación de la rueda de prensa en la que estará rodeado de su gente y no admitirá preguntas, es totalmente desafortunada. El sudafricano Ernie Els encabeza una relación de jugadores críticos con el norteamericano y la forma de orquestar su aparición pública. "Es egoísta. El lunes es buen día para hacer declaraciones, no el viernes. Esto distrae la atención sobre el torneo", protesta Els. A su voz se acopla la de Geoff Ogilvy, defensor del título en Arizona, que bromeaba sobre la posibilidad de parar el juego durante diez minutos para escuchar a Woods. "Es cierto que el timing no ha sido el más acertado, pero Tiger tiene que hacer lo que considere mejor para él", trataba, por su parte, Sergio García de librar del linchamiento a Woods, que hoy efectúa su primer golpe para comenzar a salir del búnker.