Bilbao. Postergado su estreno por culpa del cenizo cielo que cubre Vancouver y la espesa niebla que envuelve sus montañas, a Paul De la Cuesta (Donostia, 1988) le palpita el alma de pura ansiedad. Claro, es velocista, un esquiador de osamenta portentosa, destreza asentada pese a su juventud y, tal vez por ello mismo, impulsividad incontrolable que es a la vez virtud y lastre en el esquí alpino, donde es precisa la osadía, pero vital resulta amaestrarla y subyugarla a la técnica en especialidades que exigen tanta precisión como el descenso -prueba en la que debuta hoy, 18.30 horas en Euskadi, el donostiarra en sus primeros Juegos Olímpicos-, el gigante o el supergigante. "La verdad es que tengo unas ganas enormes de competir", reconocía ayer a DEIA el esquiador vasco antes de abandonar el hotel de concentración de la selección estatal y dirigirse a entrenar a Whistler, a la Dave Murray Downhill, una pista de la que le agrada su perfil -"Comienza en un plano, que sería la zona de deslizamiento, y después de unos 20 segundos empieza la zona más técnica, con un buen número de saltos y bastante pendiente", explica el propio De la Cuesta-, pero recela del estado de la nieve que la cubre. "Espero que las condiciones de la nieve cambien un poco respecto a estos días, que haga más frío y se ponga dura".

Decía Marco Viale, preparador italiano de la selección estatal que conoció a De la Cuesta hace cinco años en la estación de esquí chilena de Termas de Chillán, que el donostiarra debía aprender a leer los trazados para adaptar la privilegiada secuencia de curva que posee a cualquier tipo de condiciones y lograr así que sus virtudes no luciesen en escenarios únicos, exclusivos, concretos. En ello se afanó ayer, pese a su inconformismo -es puro nervio el guipuzcoano-, pues cree injustas algunas decisiones de los últimos días que han propiciado que los 40 primeros del ranking mundial hayan hecho un descenso más por la pista de competición, "mientras el resto no hemos podido probar la parte de abajo del descenso porque había mucha niebla", protesta sin ofuscarse el donostiarra que debuta hoy en los Juegos en una prueba -luego lo hará en gigante, supergigante y, puede, supercombinada- en la que el veterano suizo Didier Cuche es el gran favorito. Ocurre que la del descenso es una especialidad abrazada al desengaño. En los últimos 22 años ninguno de los favoritos ha logrado imponer su ascendente. El también suizo Carlo Janka; el austriaco Michael Walchhofer, el mejor en el único entrenamiento realizado en Vancouver; los locales Robbie Dixon y Erik Guay, o el díscolo estadounidense Bode Miller, que desde su descalabro en los Juegos de Turín ha seguido acaparando portadas en la prensa, aunque rara vez en relación a su virtuosismo esquiador, son las alternativas a Cuche.

par de oros franceses En las pruebas celebradas ayer reinó Francia. Jason Lamy Chappuis ganó el oro en la primera combinada nórdica, mientras que su compatriota Vincent Jay se catapultó en el sprint del biatlón, donde decepcionó el noruego Ole Einar Björndalen.