bilbao. Hace no tanto, el pasado 27 de noviembre, Tiger Woods, el icono del golf, hijo pródigo de la América puritana y moralista, se dio un tremendo trompazo con el coche contra un árbol en las cercanías de su hogar cuando en su huida trataba de esquivar la tremenda ira de su mujer, la ex modelo Elin Nordegren, tras conocer ésta el rosario de infidelidades que colgaban de la bolsa de palos del golfista, que vendía su inmaculada sonrisa, la perfecta imagen del ganador, algo que tanto alimenta el sueño americano, sin que nadie sospechara lo más mínimo sobre sus andanzas de alcoba en alcoba. Hasta que se fue directo a un árbol.

El escándalo, de dimensiones colosales, alcanzó el clímax cuando aparecieron, una tras otra, las amantes del golfista norteamericano dispuestas a rebañar su minuto de gloria del gran pesebre del show-business mientras que el matrimonio de Woods y Nordengren se hundía irremediablemente en el búnker de la zozobra. La espantada de Elin, madre junto a Tiger de dos hijos, humillada en público a Suecia, recluyó finalmente al golfista en una clínica para desintoxicar su adicción al sexo. Abandonó el golfista, el deportista mejor pagado de la historia, el centro de rehabilitación en el que ingresó el pasado 21 de enero. Pero además de su mujer, a Woods se le escurrieron varios patrocinadores que no quería vincular su imagen a la de un deportista que había dejado de ser un héroe para pasar a ser un mortal más. En el tránsito, en el torbellino, Tiger decidió abandonar la práctica del golf sine die. Decidió el golfista alejarse de los focos y realizar una introspección. Pero sin jugar una simple bola, sin dibujar su extraordinario swing, Woods dará de nuevo el gran golpe.

Y es que el californiano seguirá siendo, según la revista Forbes, algo así como el libro de cabecera y Biblia de los grandes fortunones, el deportista que más dinero ingrese durante este año incluso en el caso de que no dispute un solo torneo. A pesar de que varios de sus patrocinadores le dejaron en la estacada, otros aguantaron junto Woods, como la multinacional deportiva Nike, que viste al golfista y le aporta suculentos beneficios. La revista recuerda que los 105 millones de dólares ingresados el año pasado a través de contratos publicitarios hicieron que Woods ganara más que los tres siguientes deportistas mejor remunerados. Además, asegura que "incluso sin darle un solo golpe a una bola, los contratos de patrocinio que aún mantiene le seguirán permitiendo ser el deportista mejor pagado de 2010".

Según la publicación, la vilipendiada imagen de Tiger Woods está valorada en 82 millones de dólares, muy por delante de los siguientes: el futbolista David Beckham (20 millones), el tenista Roger Federer (16), el piloto Dale Earnhatdt Jr. (14), los jugadores de baloncesto LeBron James (13) y Kobe Bryant (12), el golfista Phil Mickelson (10), la tenista Maria Sharapova (10) y el skater Tony Hawk (8).