Nadal se rompe de nuevo
El balear pierde el "número dos" mundial tras retirarse por lesión ante Murray
Bilbao. Se dolía Rafa Nadal en su silla. En su atril rodeado de raquetas se derrumbaba el mallorquín. La rodilla derecha, en el amanecer del tercer set, avisó al de Manacor con un pinchazo inoportuno, que al final acabaría por pasarle factura en apenas dos juegos más. La decisión de abandonar llegó después de ir perdiendo en la tercera manga por 3-0. Los primeros dos actos se habían dirigido hacia el lado del escocés, 6-3 y 7-6 y el choque daba el pase para las semifinales del torneo. Con esta derrota, el actual número dos del mundo pierde su gran situación en el ranking ATP e incluso también la del tercer puesto, dependiendo de varias combinaciones. Si el serbio Novak Djokovic gana el domingo en la final y Roger Federer cae hoy ante el ruso Nikolay Davydenko, el de Belgrado puede ocupar la primera plaza, y si Murray vence al croata Marin Cilic en la penúltima ronda Nadal sería cuarto.
En el Abierto, el mallorquín estaba teniendo buenas sensaciones durante los encuentros anteriores, pero el británico era un ciclón en los partidos previos al duelo. La trayectoria de ambos tenistas en tierras australianas barruntaba una carga física superior sobre Nadal, que había cedido dos mangas en sus dos anteriores choques ante el alemán Phillip Kolschreiber y el croata Ivo Karlovic, mientras que el escocés atesoraba un impoluto paso por Melbourne Park. Anderson, Serra, Gicquel e Isner fueron las piezas cobradas por Andy Murray en Las Antípodas. Así, el de Manacor tenía ante sí a un huracán que no había cedido ni un ápice de terreno a sus rivales.
Dos horas antes del partido Nadal se entrenó en la pista 16, la misma que suele utilizar para las prácticas con el júnior australiano Sean Berman. Su semblante era serio, pero realizó la sesión sin problemas. Tan solo pidió a su fisioterapeuta, Rafael Maymo, que le aflojara el vendaje del tobillo izquierdo, donde tiene una esponja en la planta del pie para protegerse una ampolla, y nada hacía presagiar lo que pasaría luego durante el partido.
Comenzaron el choque los dos tenistas con la mente puesta en el tapiz. La tensión se respiraba como una oleada de sudor que impregnaba las gargantas de los adversarios. Los cuartos de final ya disponían de los alicientes crecientes del Grand Slam australiano. Nadal, tenista temido por su fuerza mental y física, arribaba con intensidad. Con el 2-1 ya había roto el saque de su contrincante. Pero el de Manacor no logró poner en liza su poderío para materializar la ventaja.
Al otro lado de la red, Andy Murray se mostraba extremadamente tranquilo. Ante la intensidad de su adversario, la paciencia del británico. El escocés de sangre fría y raqueta caliente se afincó en el fondo de la pista con un juego pausado. Aun así, Murray tiraba de un juego de contragolpe muy efectivo. Asimismo, el de Dunblane mordía la red. Nadal dominaba los tiempos del duelo. Acechaba al escocés y lo tanteaba, pero no terminaba por cazar el punto, ya que en los momentos finales del juego, el británico sacaba lo mejor de su juego para desmontar los raquetazos de Rafa Nadal. El mallorquín, pese a disponer de más opciones de romper los saques, no podía con el golpeo del británico. Murray acechaba con su revés a dos manos, voleas trazadas con acierto y su saque, con el que logró 13 aces para finiquitar el primer acto.
En la segunda manga, el guión inicial se calcó. Empezó Nadal con fuerza hasta que con el 2-3 el partido se paró. Los fuegos artificiales que conmemoran el Día de Australia enfriaron a los tenistas durante doce minutos. El británico retomó el choque de una manera más helada y sin el tino necesario para afrontar el duelo ante Nadal. Sin embargo, la sucesión de errores del manacorense acabaron por finiquitar la brecha con su adversario y condenarle al desempate. En esta fase de juego el balear no reaccionó. Tres fallos del mallorquín pusieron al escocés por delante, que sentenció así el segundo set.
El tercer parcial fue el fatídico. Murray empezó como acabó, como un huracán y ganó el saque. Nadal llamó a su fisioterapeuta. Maymo le masajeó la rodilla derecha pero la cara del balear denotaba signos de preocupación. Pese a ello, Nadal aguantó los dos juegos siguientes e, incluso, pudo romper el saque de su rival. Tras ceder, Nadal decidió abandonar dolorido.