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Si el talento fuera suficiente...

La psicología es una de las fuentes, desaprovechada aún, en el enriquecimiento del atleta moderno

Si el talento fuera suficiente...

Bilbao

Una fría tarde otoñal de Londres, a Rafael Nadal, lastrado por las lesiones, inmerso en un bache resultadista inopinado que le conduce a tres derrotas consecutivas en el Torneo de Maestros, meta de una temporada en la que el manacorí no levanta un trofeo desde mayo, le preguntan: "Oiga, ¿cómo se recupera la confianza?". La interrogación es un aguijón que trata de entrar en la mente de Nadal, de desentramar el laberinto emocional del tenista más fiero del circuito, uno de los más físicos, el más estoico de entre los grandes, un ser inasequible al desánimo al que el propio Rod Laver describía como un jugador que "usa mucho sus piernas" y busca la exasperación de sus rivales para ganar cada punto que plantea como una batalla decisiva, ineludible, inaplazable. Así que cuando su físico se resiente, se duele, se agrieta, es la mente la que soporta la carga del esfuerzo. "Estoy preparado. Tengo la meta de sentir que estoy jugando de nuevo a mi mejor nivel. Y cuando uno tiene esa meta, esa motivación, da igual si se está cansado o no", respondía en Londres Nadal, un depredador, un deportista de una fortaleza psíquica inquebrantable. Superior, con creces, a la de Federer, un jugador clásico, estilista, tenista puro, virtuoso de la raqueta, pero que, decía Laver recientemente, desprende "la sensación de que su juego requiere que esté en forma al ciento por ciento: no pudo entrenarse, perdió la confianza... y la confianza lo es todo en el tenis". No es exclusivo el axioma del deporte de la raqueta.

En el mismo otoño que marchita la temporada tenística en Londres, un equipo ciclista, el Footon-Servetto de Josean Fernández Matxín, amanece en un hotel de la localidad cántabra de Hoznayo. Es domingo 28 de noviembre y Europa vive pendiente de Barcelona, del Camp Nou, donde la tropa de Pep Guardiola, el entrenador que azuza a los jugadores antes de la final de la Champions con escenas de Gladiator y acordes del Viva la vida de Cold Play o antes de jugarse el Mundialito con aquel lapidario "si perdéis seréis los mejores, pero si ganáis, seréis eternos", pone a prueba su excelencia futbolística ante el Madrid de martillo y cincel de Pellegrini. Un acontecimiento. Por eso, sienta mal entre los corredores, jóvenes en su mayoría, chicos desubicados, sin destetar aún, que el programa de la concentración contemple seis horas, desde las 14.00 hasta las 20.00, de sesión de mentalización. Así que protestan. "Queremos ver el partido", braman. Es en vano. Gianetti no escucha y les sienta en una sala que presiden dos hombres, Jean Claude Goillard y Fabricio Robelli, expertos suizos en los asuntos delicados de la mente que han trabajado con la empresa FIAT, con la escudería Ferrari y con un equipo de fútbol de Lugano que juega en la Segunda División al que hallaron el año pasado moribundo, en el infierno de los puestos de descenso.

"imposible is nothing" "Pues bien", descubre Gianetti, "llegaron ellos con sus métodos, el equipo se salvó y esta temporada son líderes. Es más, desde la llegada de Goillard y Robelli, no han perdido ni un partido". Gianetti, ex ciclista, manager, estudiante pasional de Filosofía y explorador, "más bien curioso", de las fuerzas ocultas de la mente, sometió a su nueva camada a un ejercicio de superación de la perplejidad, al Impossible is nothing que canta Divine Heresy, que acuña Adidas en su campaña publicitaria y que los dos expertos suizos que ahondan en el poder intangible de la mente abordaron ante la chavalería del Footon de manera impactante: doblaron los ciclistas flechas y tornillos de acero con la garganta, corrieron descalzos por las brasas... A las 19.00 horas, cuando arrancaba el partido en el Camp Nou, nadie se acordó del Barça-Madrid. Estaban obnubilados. Imantados. "Se trataba de que vieran que nada está lejos de su alcance. Esto puede ayudarles a ver las cosas de otra manera, a colocar sus objetivos de una forma correcta porque de lo contrario, puede resultar que se estén poniendo límites a su propia trayectoria", explica Gianetti sobre la preparación mental a la que somete a su equipo esta temporada, con la que trata, además, "de que realmente den el máximo como deportistas". "Pero no desde el sacrificio extremo, no desde el dolor o la autoflagelación. Se trata de que no sufran por lo que hacen, de que se diviertan entrenando, de que declinen convencidos una Coca-Cola para beber agua o de que entrenen bajo la lluvia siendo conscientes de que eso va en su propio beneficio", apunta Gianetti. Ni Guardiola, que empuja a sus jugadores al campo con un "salid y divertíos" alentador, lo hubiese expuesto mejor.

En 2004, el primer año del Saunier Duval, el manager suizo llevó a cabo un proyecto similar en la pretemporada, y Ventoso, por aquel entonces un velocista desconocido, estrenó el la campaña ganando en Qatar. Este año, el Footon, un equipo desarmado y en plena reconstrucción, lleva dos triunfos, aunque menores, reconfortantes -una etapa del Tour de San Luis con el prometedor Rafa Valls y otra, más notable, del Tour Down Under que atrapó poderoso Manuel Cardoso-. "Pero eso no quiere decir que sea debido al trabajo psicológico. Tiene que haber una base física. Ventoso era buen corredor, también lo son Valls y Cardoso. Pero el campeón verdadero no es sólo físico", razona el suizo citando a Armstrong y Contador, "ejemplos de la relevancia de la fuerza mental en el deporte", y a Jan Ullrich, "otro ejemplo a la inversa". Era el ciclista alemán un portento físico, un amasijo de músculo y genética inaudito que sucumbió por su debilidad mental, su incapacidad para reconocer el sacrificio como único camino al éxito. Su talento, descomunal, no fue suficiente.

"Es complicado identificar la razón exclusiva y exacta de un logro, porque quizás no exista algo único que lo posibilite", apunta Félix González Llata, director asociado y cofundador del European Coaching Center, un instituto dedicado a la formación e investigación del coaching, la disciplina que maneja una serie de herramientas que buscan el desarrollo emocional de las personas y que ha tenido una aceptación sobresaliente en el mundo empresarial. "Es cierto que no se puede decir que ésta o aquella cosa han sido las claves del éxito de un deportista", abunda Alfredo Chávez Zepeda, mexicano y licenciado en Educación Física y gran defensor del coaching en el deporte; "pero todo el mundo está de acuerdo en que la habilidad para relacionarse con sus jugadores y sacar lo mejor de ellos de Vince Lombarda -entrenador en los 60 de los Green Bay Packers- o Timothy Gallwey -entrenador de tenis, pionero en la psicología deportiva y autor del libro The Inner Game of Tennis- resultó clave en el rendimiento de éstos". Ambos técnicos sentaron las bases del coaching que la empresa de González Llata trata de introducir en el deporte estatal.

El Footon es pionero en ello. El equipo de Matxín experimenta con un programa fruto de dos años de desarrollo que incide en la psicología positivista "en la que tratamos de gestionar la mente del deportista reforzando sus valores, que es, sencillamente, lo que te hacer tener ganas de levantarte por la mañana", aclara González Llata sobre un proyecto tan abstracto que cuesta horrores comprimir en una explicación. "Digamos que se basa en el desarrollo de la inteligencia emocional para guiar un proceso de superación continua y el descubrimiento del verdadero potencial", trata de definir Chávez Zepeda. El problema es que se asienta sobre la comunicación entre deportistas y entrenadores, un escollo insalvable para, por ejemplo, el ciclismo, un deporte de equipo en el que sus individuos viven perpetuamente aislados, ya que rara vez -sólo en las pocas concentraciones que realizan al año- están todos juntos. "Por eso hemos creado un lugar de encuentro en internet para mantener en contacto a todos los miembros del equipo. Se trata de construir al individuo y al equipo", matiza González Llata, que está en conversaciones con Osasuna y Racing de Santander para implantar el sistema, antes de advertir: "La psicología no es una varita mágica. La mente hay que trabajarla, pero si un deportista se lo cree, confía y está motivado... puede llegar lejos".