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"Los deportistas son materia bruta"

La biomecánica, pura física, es una de las disciplinas que trabaja para moldear el músculo magro de un atleta y optimizar así su rendimiento

"Los deportistas son materia bruta"Foto: Annie Leibovitz para "Vanity Fair"

bilbao. "El deportista es materia bruta", traza la voz imperturbable, pura física, de Jesús Cámara, licenciado en Ciencias de la Actividad Física del Deporte, Doctor de la UPV, donde ejerce la docencia, y colaborador en el USP Araba Sport Clinic y el equipo ciclista Seguros Bilbao. La sentencia se convierte en una línea gruesa que soporta el argumentario del deporte sobre la relevancia del músculo en el ejercicio físico. "La tiene, claro", matiza raudo antes de generar confusión; "el deportista de élite es, en su base, una persona dotada de una genética y unas condiciones privilegiadas que, sin embargo, hay que pulir", sostiene el vizcaino incidiendo en aquello del burro que jamás será un caballo de carreras y el caballo de carreras que puede acabar corriendo como un burro.

La biomecánica, como la alimentación, la psicología o la preparación, es uno de los cinceles que moldean el cuerpo magro de un deportista. Busca, esencialmente, la mejora del rendimiento del atleta, su comodidad y la prevención de las lesiones y su relevancia es mayor cuando el ejercicio físico está vinculado a una máquina. "Por eso", explica Cámara, "tiene tanto peso en el ciclismo, donde se intenta que la bicicleta, la máquina, se adapte al corredor, a sus características y no al revés". Un ejemplo elocuente es el de la lucha del ciclista por la aerodinámica idónea para combatir la oposición del viento. Indurain, un coloso de 1,88 metros, era incapaz de adoptar una postura óptima porque ello provocaba que su eficiencia física se resintiera. "Es que la biomecánica parte de un modelo de perfección en la postura, en la forma de pedalear, marchar, correr, golpear la pelota de tenis o el balón, lanzar a canasta o saltar, a la que luego hay que adaptar al deportista. Tiene una base física indudable, pero ésta no es inalterable, pues se trata de ponerla en armonía con la fisiología del atleta", sostiene el biomecánico, que abunda: "Digamos que esta especialidad no se entendería, o no tendría sentido por sí sola, si no estuviera en contacto con el resto de profesionales que rodean a un deportista de élite". Tampoco es irrevocable la biomecánica. Michael Johnson, cinco oros olímpicos en 200 y 400 metros, corría contra todas las leyes físicas establecidas: el pecho henchido, como retador; los pasos, cortos. "Pero a Michael Johnson, por ejemplo, no puedes acercarte y decirle que cambie su forma de correr para mejorar su rendimiento. ¿Para qué? Si ya lo ganaba todo", adoctrina Cámara, quien incide en que una modificación, del tipo que sea, precisa de un periodo de adaptación. "No se puede cambiar algo antes de una competición. Todo tiene que hacerse, al menos si se trata de una variación notoria, antes de comenzar la temporada o en un periodo de descanso".

El efecto placebo Actúa, además, sobre la propia persona o el instrumento que utiliza. Rafa Nadal, por ejemplo, cambió el cordaje y el diseño de su raqueta antes de afrontar la nueva temporada. "Seguramente, después de un estudio, pero sin dejar de lado jamás la propia percepción del deportista", subraya Cámara, quien se declara incapaz de cuantificar la mejora a la que puede llevar a un deportista la optimización de su condición biomecánica. "Pero he comprobado que tiene una relevancia psicológica notable. Alguna vez, negativa, pero generalmente es positiva. He visto deportistas que al de media hora de hacerles un cambio ligero han asegurado sentirse mucho mejor. Puede ocurrir, pero no siempre es así", apunta.