Tribuna abierta

Nos imponen la guerra

La verdad ha sido ya anulada por la guerra mediática. La comunicación es un arma de guerra. Y lo sorprendente es que muchos profesionales de los medios parecen aceptarlo, no se rebelan. Los dos bandos mienten y sostienen narrativas manipuladas

23.03.2022 | 00:11

UCRANIA es un país soberano. Como cualquier otro país, debe ejercer esa soberanía con responsabilidad. No en vano, el vuelo de una mariposa en China puede convertirse en ciclón en los mares de Oceanía. Es solo un ejemplo extremista para destacar que vivimos en una globalización interconectada. Es así que la soberanía de Ucrania debe ser compatible con la seguridad de Rusia. Es un equilibrio necesario que nadie, unilateralmente, debe romper. ¿Se utilizaría el concepto de soberanía si Venezuela accediese a desplegar misiles rusos en su territorio? Hay una pregunta que sigue en el aire y que tal vez nunca conozca la verdad: ¿Se comprometió Occidente a no cercar a Rusia con la ampliación de la OTAN hacia el Este?

De entrada, hay que recordar que es Putin quien ha ordenado la invasión de Ucrania, no el pueblo de Rusia. Es una obviedad que debería bastar para detener una rusofobia lamentable. Si queremos lograr que el odio mutuo entre Rusia y Europa se instale en nuestras vidas, lo vamos a conseguir. Pero será como darnos un tiro en el pie.

Directores de cine rusos han visto la suspensión de sus películas, compositores clásicos como Chaikovski han sido prohibidos, estatuas de ilustres rusos y rusas removidas, concertistas suspendidos, comercios con letreros rusos atacados en Barcelona... todavía veremos que algún imbécil promueve el boicot a la ensaladilla rusa. Antes, no mezclar el deporte con la política era un principio, ahora se cambia el principio y se buscan deportistas de origen ruso para sancionarlos. ¡Genial! La UE está éticamente por los suelos. La rusofobia no es prudente y puede lograr el efecto contrario: que la gente común rusa se alinee con el dictador. La verdad pide señalar al culpable, no sacar el ventilador y acusar a Tolstói.

La verdad ha sido ya anulada por la guerra mediática. La comunicación es un arma de guerra. Y lo sorprendente es que muchos profesionales de los medios parecen aceptarlo, no se rebelan. Los dos bandos mienten y sostienen narrativas manipuladas. Nos han cerrado el canal Russia Today y no pasa nada. ¿Es que acaso somos menores de edad? La libertad de expresión también se ataca en la Unión Europea. Que Putin, exjefe de la KGB, lo haga, nada me sorprende. Que lo hagan los medios y gobiernos occidentales tampoco me sorprende aun cuando se presentan como adalides de la libertad de expresión. Lo que funciona y cada vez más entre nosotros es el pensamiento único.

No me alineo con ninguno de los tres actores principales de esta barbarie. Primero porque mi espíritu libre es más fuerte que el gregarismo, segundo y sobre todo porque me parece un error histórico el hacerlo. El culpable principal de esta guerra es Putin. Para mí, debe ser el primer responsable a juzgar por la Corte Penal Internacional. Pero Zelenski no es una simple víctima. Logró una amplia victoria electoral en abril de 2019. Pero en lugar de aprovechar su presidencia para calmar los gritos de guerra en la región, la aprovechó para echar leña al fuego con represión y más represión contra las comunidades prorrusas del Donbás. De paso prohibió partidos políticos y promocionó otros neonazis.

Frente a la invasión rusa lanzada por Putin, Zelenski tenía un as en la manga: la participación de la OTAN en una confrontación bélica contra Rusia. Pero la OTAN le ha fallado a Zelenski. Occidente ha tomado nota de que algo así supondría la tercera guerra mundial. Ahora rebaja su petición y pide que se active su integración en la Unión Europea. La propaganda dice que la UE aceptaría este ingreso de Ucrania, pero veremos a la hora de la verdad. Si ya fue un error mayúsculo la incorporación de países dudosamente democráticos, Polonia, Bulgaria, Hungría... solo faltaría la entrada de Ucrania, asegurando así nuevos conflictos para Europa. Otro tiro en el pie. Zelenski va a lo suyo, pero es un inconsciente. Si ya la EU es un enano político, la entrada de Ucrania daría un giro a la derecha del proyecto europeo. Si es que hay proyecto.

Volviendo a Zelenski, creo que tiene grados de responsabilidad en lo que está pasando. No hizo cuanto pudo para evitar la guerra, confiando en que la OTAN intervendría a su favor. Zelenski debería saber que no se trata de manipular emociones nacionales para propagar una guerra en la que mueren los de siempre, sino de promover puentes para el entendimiento.

Lo primeo que debe negociarse con urgencia es el alto el fuego y un armisticio. Cada muerte de un civil es un fracaso para la sociedad mundial. Lo segundo, la desmovilización militar de ambos bandos. Pero esto último no ocurrirá mientras no se dé a Putin una salida digna (por ejemplo, la neutralidad de Ucrania). No hay otra, si no queremos una guerra prolongada y, lo que es peor, nuclear. Habrá voces que nieguen esta posibilidad anclados en el dogma de que a Rusia (no solo a Putin) hay que infligirle una derrota militar.

Pero ni todo el ardor guerrero junto servirá para doblegar militarmente a Rusia. Se me dirá que para eso están las sanciones, pero aparte de ser útiles para que unas élites se enriquezcan aún más, ¿servirán para que Putin enarbole la bandera blanca? Parecemos tontos. Rusia está entrenada para vivir en precario durante décadas. Sin embargo, todas las alarmas se encienden en Europa ante la carestía del gas, del petróleo y en general de todos los productos básicos, incluyendo el transporte. Las sanciones ya funcionan de maravilla contra nosotros mismos. Más tiros en el pie. Además, van acompañadas de una rusofobia despreciable. Y lo peor de todo sé que quieren hacernos creer que lo que tenemos que pagar en coste económico es inevitable. Y que la rusofobia es un daño colateral.

Estados Unidos se frota las manos. Con el concurso del dictador Putin, ya nos tiene sumidos en la incertidumbre nuclear y metidos en una crisis económica y social de campeonato. EE.UU. y Rusia en su particular confrontación que se disputa en terreno europeo, buscan debilitarnos y garantizar nuestra debilidad.

Cuando hace 30 años colapsó el mundo soviético, Estados Unidos quedó como el gran poder universal. Tenía el control de todos los resortes que hacen funcionar el planeta. Había resultado vencedor frente al comunismo y hasta quiso vender a la sociedad mundial el fin de las ideologías, el fin de la historia. Pero Estados Unidos y la Unión Europea a rebufo, se equivocaron y quisieron aprovecharse de una URSS que se desmembraba y de una Rusia sumamente débil que sufría dislocaciones territoriales de países que huían de la influencia de Moscú. Lo que hicieron es reclutar para la OTAN a países excomunistas que pronto formaron un cerco amenazante contra Rusia. Europa, una vez más cayó en la trampa norteamericana y en lugar de construir una seguridad con Rusia lo hizo contra Rusia.

Para esta operación pronto se difundió el principio de soberanía que justificaba los movimientos antirrusos de cada nuevo país en la OTAN. Sencillamente se proclamaba su derecho a romper el frágil equilibrio mundial. Algo que puede ser posmoderno pero que no puede funcionar en una globalización que conecta cada movimiento con otros. De todos modos, nunca la soberanía vale una guerra. Hace quince o veinte años, ayer, ucranianos y rusos vivían entremezclados, con muchas familias mixtas. Una vez más, quienes detentan el poder atizan la división y el enfrentamiento. Ya ocurrió en los Balcanes.

Vladímir Putin, Volodímir Zelenski y Joe Biden, han elegido la guerra como escenario de sus disputas, "que se maten ellos, dice un mural en la antigua estación de autobuses en Iruña". Es cierto que en el presidente ruso recae la enorme responsabilidad de una invasión que destroza la legalidad internacional. Putin está haciendo una enorme contribución a un mundo caótico, violento hasta el extremo, donde la ley de la selva y de los fabricantes de armas mandan más que los políticos. Sus bombardeos indiscriminados y sus amenazas nucleares son condenables sin matices. Es la población civil la que más sufre y paga.

¿Por qué no enviar propuestas de paz, en lugar de armas? Me temo que el viaje a la derecha de la UE tiene mucho recorrido. Monnet, Spinelli, Simone Veil, Spaak y los demás pioneros de la Unión Europea, han muerto.

El que se frota las manos haciendo un balance de beneficios es el mismo que tiene regadas por el mundo cerca de 800 bases militares en más de setenta países. Adivine de quién se trata. * Politólogo especialista en Relaciones Internacionales y Cooperación al Desarrollo

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