Tribuna abierta

El 15-M, hoy

23.05.2021 | 02:08
El 15-M, hoy

El 15-M fue muy bello mientras duró. Diez años después, aún quedan sin satisfacer la mayoría de las reivindicaciones de aquellas organizaciones, pero ya sus motores están gripados, y muchos de sus alentadores de entonces sobreviven faltos de brío y aliento

FUE hace diez años. Cada tarde, a eso de las siete de la tarde, acudía a la Puerta del Sol de Madrid. Alguno de los días también acudí a algún otro lugar o espacio donde también se programaban exposiciones o actos diversos. Era tal la diversidad que no dejaba tiempo para el tedio o el aburrimiento. Aquellos espacios rezumaban ilusión, y lejos de pensar que habían llegado con la perversa misión de destruir lo establecido, y nada más, yo siempre pensaba que los nuevos tiempos venían a alertar a quienes, como yo, estábamos algo adormilados, superados por el aburrimiento que desprendía la política establecida.

Aquel 15-M tuvo una propiedad: a mí siempre me pareció que venía a aportar algo y no a destruir todo. Leía los eslóganes y me parecían llamadas de atención, alertas que incitaban, gritos que exhortaban y, sobre todo, insinuaciones que me hacían recapacitar. Yo pasaba los días en el Congreso de los Diputados debatiendo de los más variados asuntos, pero al llegar a la Puerta del Sol descubría que en el mundo, en la calle, había otras inquietudes, simples y sencillas, que formaban parte de la vida de todos, y formaban parte allí y en todos los lugares de España e incluso de más allá. Ahora, precisamente, se conmemora el décimo aniversario de aquel evento tan original.

Se llamó entonces "Movimiento de los indignados", pero se celebró con tanto delirio festivo como ansia de revancha o protesta. A la vez que se denunciaba una injusticia, se intentaba engrosar el número de adeptos o partidarios de cambiar los esquemas sociales imperantes en aquel momento. Era cierto que los partidos políticos habían deambulado, errabundos y despistados, empeñados mucho más en ostentar el poder y ocupar el gobierno que en ejercer una acción dirigente responsable y ambiciosa. Como quiera que el proceso de democratización social, posterior a la difícil transición, parecía casi consumado, la sociedad española se había adormecido y los nuevos poderes, llamados a hacerse cargo de la sociedad española, parecían en exceso ocupados en consumar su implantación en el poder por el medio exclusivo de su conquista de los órganos de gobierno. Surgieron las voces, no tan contundentes en sus modos y formas de lenguaje como ocurrentes, lo cual favoreció que los ciudadanos prestáramos atención. En realidad, se nos pedía compromiso y acción, era una especie de revolución sin armas de fuego, con armas verbales y voces originales que hicieran pensar. Ni España ni los españoles estaban dispuestos a organizar revueltas brutales, entre otras cosas porque hacía demasiado poco tiempo habíamos abandonado la durísima dictadura subsiguiente a la Guerra Civil.

Aquel 15-M fue una seudorrevolución bella. En la Puerta del Sol, como en el resto de espacios y plazas de España que fueron ocupadas, se escuchaban músicas folklóricas, y aunque también se reprodujeran canciones contestatarias que recordaban eventos revolucionarios –Cuba o los Claveles portugueses, por ejemplo–, todo se cubría y adornaba con bailes y canciones, con adornos y aditamentos ocurrentes, con carteles vocingleros de bellas frases que animaban a sonreír y no precisamente a airear semblantes ariscos.

Quienes merodeábamos por los espacios nos dedicábamos sonrisas unos a otros, convencidos de que aquello podía llegar a ser un despertar de primavera tras una noche de violento aguacero. No había demasiada intencionalidad perversa. Parecía como si, de pronto, el amanecer de un nuevo día nos mostrara un sol reluciente reclinado en el horizonte de las montañas sobre las que había llovido el día anterior. Fue una revolución: la revuelta de la creatividad, de los instruidos, de los debidamente educados, de los buenos...Y por eso había quienes buscaban alias y motes despectivos con los que desacreditar lo que era tan difícil de desacreditar desde el rigor dialéctico.

Se les llamó "perroflautas", que es un término muy difícil de interpretar: o perros o flautas, pero yo jamás he visto una flauta en el hocico de un perro ni he visto un perro que interprete canciones que no sean escuetos ladridos. Esperanza Aguirre, que no fue quizás la que inventó el término "perroflauta" pero seguro que fue una de las que más lo empleó, debería explicar con detalle la etimología de la palabra, o las pesquisas y razones que la llevaron a tal desatino propio de personas inmorales e indecentes. Era difícil responder con educación y mesura a aquel calificativo tan propio de desalmados, máxime cuando quienes salíamos a las plazas y calles a vocear "el nuevo tiempo" cuidábamos tanto las formas, incluso los que, como yo, no estábamos suficientemente convencidos de la efectividad de aquellos movimientos algo desordenados.

Había eslóganes muy diversos. "Si no nos dejáis soñar no os dejaremos dormir", decían quienes protestaban en las calles. Solo deseaban "soñar", pero para soñar es necesaria, como poco, la paz interior y la tranquilidad de espíritu. Nada hay tan atinado y humilde como esa frase que a muy poco obliga: dejadme soñar (soñar siempre se hace en silencio), dejadme imaginar un mundo mejor, más pacífico y más justo, que podamos compartir y disfrutar todos del mismo modo y con la misma intensidad. ¡Dejadme, al menos, soñar, aunque luego despierte en medio de las mismas penas y adversidades! ¡Tan poco piden los humildes! No harían la guerra en contra del fracaso, solamente gritar, provocar un escándalo de voces y truenos que impidiesen dormir. Cada mañana afloraban los sueños que nos habían ocupado durante la noche y las calles se atiborraban de soñadores felices y preocupados descontentos que se decían unos a otros: "Si no nos dejáis soñar no os dejaremos dormir". El cielo de la Puerta del Sol estaba lleno de sueños, y de sueño.

Algunos, quizás algo más agresivos, se atrevieron a denunciar que "no había pan para tanto chorizo", la cual era una acusación pertinente porque las páginas de los periódicos recogían crónicas con noticias de quienes se servían del régimen democrático para enriquecerse, ya fuera mediante apropiaciones indebidas o mediante decisiones interesadas cuyos beneficios recaían sobre ellos mismos. Eran los indignados, pero la indignación que despertó conciencias e impulsó actitudes y empeños adolecía de errores básicos en su modelo organizativo y, sobre todo, en el modelo de respuesta que se debía dar a cada situación irregular. Se llamaban "rebeldes sin casa", que recordaba a los "rebeldes sin causa" del título de la famosa película, pero el juego de palabras solo sirvió como añagaza para forzar presencias e ilusionar a los más inquietos. Todas las disciplinas tuvieron su grito reivindicativo, su voz de protesta, pero ahora, diez años después, casi todo –recuerdos y eslóganes–, duermen en el baúl de los recuerdos porque los abanderados de aquel tiempo tienen diez años más en los que sus viejas reivindicaciones no han sido aún satisfechas, pero las urgencias necesarias de las vidas les han obligado a ejercer como supervivientes.

El 15-M no fue suficiente, pero fue un movimiento que alertó a las conciencias y movió muchas voluntades, no en vano aquellas manifestaciones tan multitudinarias, vocingleras y divertidas, pusieron en el candelero reivindicaciones que nunca se habían abierto espacio en las calles de nuestras ciudades. Por otra parte, el modo entre informal y festivo de reivindicar favoreció que todos nos mostráramos predispuestos a escuchar con atención y sin reservas. El modo desenfadado de proponer las reivindicaciones acercó las conciencias de todos, de modo que nada parecía excesivo ni estridente. Sin embargo, aquellas convocatorias generales del 15-M, multitudinarias y ruidosas, quedaron en demasiado poco cuando las reivindicaciones y las manifestaciones solo afectaban a gremios o profesionales de actividades muy concretas. Hoy, aún quedan sin satisfacer la mayoría de las reivindicaciones de aquellas asociaciones, pero ya sus motores están gripados, y muchos de sus alentadores de entonces sobreviven faltos de brío y aliento. En los diez años que han pasado la mayoría de las asociaciones y grupos sociales han desaparecido o han cambiado su nomenclatura. En otros casos sus actividades adolecen de desorganización o de anquilosamiento. De cuanto hubo entonces solo queda Podemos, pero su incorporación al engranaje de la vieja política de los partidos ha convertido el 15-M en un bello día, incluso en un "movimiento" que ya permanece inmóvil e inerte.

Veamos. El presidente del Grupo Parlamentario de UPodemos ha considerado que "la renuncia de Pablo Iglesias a su cargo político puede funcionar como revulsivo para relanzar la hipótesis política". Es decir, demasiado prefijo "re" y demasiado supuesto ("hipótesis"). Monedero ha afirmado que Podemos deberá "parecerse al PNV", es decir, que sus órganos directivos como formación no se confundan con los institucionales. ¿Se habría atrevido a proponer esto si PI siguiera en activo? Tal y como decía mi padre: hay acciones que no se pueden compaginar porque "sopas y sorber no puede ser".

Es verdad que hay espacio a la izquierda del PSOE, pero no lo hay con la fuerza suficiente para superar al PSOE... y eso es lo que siempre pretendió UPodemos: derrotar al PSOE. Para acceder al Gobierno no basta con derrotar o superar al PSOE, sino que hay que superar previamente a la derecha, lo cual no es moco de pavo (valga el vulgarismo) en España.

El 15-M fue muy bello mientras duró, pero a la hora de valorar su acción y resultados me permito asegurar que debilitó mucho más al socialismo y a la izquierda –porque los cuestionó en exceso–, sin cuestionar realmente a la derecha, que era la responsable y culpable de la situación de España y de los españoles. El 15-M nunca fue como Podemos: fue un movimiento bello y ejemplar hasta que Podemos intentó, y se propuso por todos los medios, apoderarse de él y convertirlo en un mero agente electoral... Y electoralista.

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