La verdad líquida

Lo preocupante no son los avances tecnológicos y sus capacidades creativas, al contrario. Lo inquietante es la fragilidad de una verdad cada vez más líquida en una era en donde las barreras de la intimidad se levantan con una pasmosa facilidad para dar paso a grandes cargamentos de banalidad disfrazados de falsa apariencia

11.02.2021 | 00:53
La verdad líquida

uNA joven edita un vídeo y lo sube a Instagram. Es un buen montaje en donde se ven imágenes bonitas, algunas retocadas, buenos tiros de cámara de gestos enérgicos e interesantes de personas en lo que parece una concentración de protesta, todo ello bien editado con una música de fondo preciosa. Una amiga lo ve e inmediatamente le da a "me gusta". Efectivamente las fotos corresponden a una manifestación negacionista, las pancartas que los asistentes sostienen brazos en alto, presentes en todas las imágenes, llevan inscritos eslóganes de tipo: ¡plandemia!, ¡libertad!, ¡no mascarilla!, ¡no PCR!€ y un largo etcétera de soflamas que a estas alturas ustedes ya conocen y se imaginan.

Ante esta situación se me plantean varias hipótesis, cada cual más grave: la amiga arrastrada por la emoción de la composición no ha leído los eslóganes y se ha sumado a los "likes" o, sí los ha leído pero le da igual ya que es bonito y lo ha elaborado y publicado su amiga o, sencillamente, es también negacionista. A la acción de la joven editora también se le pueden aplicar planteamientos similares.

No abandonen todavía la lectura, les pido sean pacientes e hilen conmigo algunos ejemplos más que les voy a describir.

Ahora estamos ante el último anuncio de una conocida marca de cerveza. Es un montaje también precioso y sobre todo potente en el que aparece una Lola Flores vital haciendo una serie de aseveraciones contundentes en torno a su pronunciado acento y la importancia del mismo como marca. Está elaborado con la técnica del "deepfake", una herramienta que a base de inteligencia artificial logra "revivir" con gran realismo a alguien desaparecido poniendo su rostro en movimiento en la silueta de otra persona, haciendo declaraciones narradas con los rasgos y carácter ad hoc. Todo lo que dice y cómo lo dice en esta producción no ha sido dicho nunca por ella, toda la acción que se muestra con gran eficacia y realismo es ficción, o falsa, como ustedes quieran. El anuncio es totalmente real pero no hay una correspondencia factual en lo que muestra.

Antes de entrar con el tercer y último ejemplo, previo a la conclusión hacia la que les quiero llevar, les dejo por adelantado esta pregunta: ¿se imaginan esta técnica al servicio de otros fines, por ejemplo, políticos?

Ahora sí, nos trasladamos a 1934, Leni Riefenstahl, la mejor cineasta de la época pone su maestría y su sabiduría al servicio del rodaje de la película documental "El triunfo de la voluntad". Una obra maestra, hito en la historia del cine, en donde, utilizando novedosas técnicas de filmación y brillante forma artística, logra una obra maestra audiovisual sobre el congreso del partido nacionalsocialista celebrado en Nuremberg el citado año. La producción, estrenada un año después, muestra y ensalza una triunfal concentración nazi en cuyo estrado principal, liderando la muchedumbre, está quien ha encargado la realización de la película: Hitler.

Se podrían poner más ejemplos, pero estos ya son bastantes para hacerse a la idea de que existen ingredientes suficientes –no se queden sólo con lo técnico– que, combinados de manera maquiavélica, al servicio de los intereses de un nuevo príncipe, los resultados pueden ser catastróficos. Ya lo he sugerido en el tercer ejemplo en donde lo que se ensalzaba trajo una década más tarde el acontecimiento más traumático y terrible de la historia.

La única y más eficaz herramienta de combate ante esta peligrosa deriva es la verdad, al menos en un sentido fáctico. Pero esta se desvanece. En una sociedad cada vez más endeble frente a la información, en donde la comunicación y la privacidad ha sido colonizada por las redes sociales, los más jóvenes, protagonistas, quizás inevitables e involuntarios, de esta "modernidad líquida" que advertía el sociólogo Zygmunt Bauman, "filósofo de la vida cotidiana", dicen que hay que fluir, que nada es fijo, que todo es relativo. ¡Qué mas da que no sea verdadero si es bonito, no le des tantas vueltas y disfrútalo! La verdad cada vez interesa menos porque siempre pone en aprietos, aparece en el mejor momento de la fiesta y lo hace para estropearla. Así se ha ido licuando la frontera conceptual fundamental que separa la opinión de la información, la subjetividad de la objetividad, la evidencia de la duda, el indicio de la prueba€ arrastrándolo todo hacia una realidad cada vez más evanescente en donde la confusión se instala en forma de nebulosa.

Este es el contexto en el que se fraguó el asalto al Capitolio. La democracia sin embargo, en este caso, ha logrado desalojar a Donald Trump, pero el magma de quien lo alzó sigue vivo, y en una sociedad frágil, en donde la mentira se viste de verdad, aparecerá un nuevo Príncipe, o volverá el mismo, y se instalará en cualquier parte del mundo con aparentes buenas intenciones que esconderán macabros objetivos de control y dominación. Entonces aquella invasión, intento de golpe de estado, en Washington, parecerá una anécdota.

Lo preocupante no son los avances tecnológicos y sus capacidades creativas, al contrario. Lo inquietante es la fragilidad de una verdad cada vez más líquida en una era en donde las barreras de la intimidad se levantan con una pasmosa facilidad para dar paso a grandes cargamentos de banalidad disfrazados de falsa apariencia. Con las puertas abiertas de par en par todo tiene cabida, también la mentira.

No es cuestión de ser alarmista. Tan solo hay que juntar algunos ingredientes. Primo Levi, sobreviviente del exterminio nazi que relató a todo el mundo lo que sufrió bajo la política del Tercer Reich y que aportó contundentes lecciones sobre el conocimiento del ser humano, dejó escrita la advertencia –la reinterpreto a la época en que vivimos– de que el mal "yace en el fondo de las almas como una infección latente, se manifiesta solo en actos intermitentes e incoordinados, y no está en el origen de un sistema de pensamiento. Pero cuando éste llega, cuando el dogma inexpresado se convierte en la premisa mayor de un silogismo, entonces, al final de la cadena está el Lager: Él es producto de un concepto de mundo llevado a sus últimas consecuencias con una coherencia rigurosa: mientras el concepto subsiste las consecuencias nos amenazan".

Donde Levi puso Lager pongan cualquier tipo de totalitarismo. Bajo el sabio aviso del sobreviviente italiano hay que dimensionar el fenómeno emergido en Estados Unidos. * Periodista y Doctor en Comunicación Social