El mandarriazo

El sindicato-partido ELA-LAB es correa de transmisión de Sortu aunque no nos dicen qué sociedad alternativa, qué paraíso quieren construir. Siembran tópicos para dibujar a EAJ-PNV como un partido tóxicamente de derechas, lo que no es verdad: no hay más que remitirse a los hechos, trayectorias y programas de una formación con 125 años

17.05.2020 | 00:34
El mandarriazo

EL año pasado, ELA y LAB nos anunciaron una "primavera roja". No acertaron. La primavera ha sido viral y confinada. Previamente nos habían obsequiado con una huelga general que fue un auténtico fracaso y de la que no quieren hablar. Sin embargo, en este Primero de Mayo no han dejado de decir tremebundeces como si estuviéramos en plena revolución industrial del siglo XIX. Puño en alto, La Internacional en euskera, memes con Ortuzar, Zubiaurre, Olano, Rementeria y Egibar vestidos de maoístas cuando esa ideología pega más en Lakuntza y Aranburu, a tenor de sus soflamas ese día en favor de la dictadura del proletariado.

Denunció el secretario general de ELA "la debilidad y la insolidaridad de un modelo capitalista, heteropatriarcal y racista que está enfermo". Garbiñe Aranburu no le fue a la zaga: "Vamos a disputar el poder al capital en todos los frentes, en las empresas, en la calle y en las instituciones". Lo más parecido a lo que dijo Churchill que había que hacer para luchar contra el nazismo. Le faltó aquello de "sangre, sudor y lágrimas".

Y es que lo de ellos no es el sindicalismo sino la revolución, la huelga por la huelga, acabar con el capitalismo pero sin presentarse a las elecciones y denunciar a Urkullu y Chivite ante los tribunales. Y, por si acaso, no acudir a las plataformas de encuentro y siempre exigir derechos, nunca deberes. ¿Para qué? Nadie duda de que el capitalismo existe, que hay situaciones de evidente injusticia, flagrantes abusos de poder, multinacionales que solo tienen como fin el máximo beneficio pisando lo que haya que pisar, fondos buitre criminales, ni tampoco nadie duda, salvo ellos, que los sindicatos tienen que velar por los derechos de los trabajadores, de su salud, de su integridad, de sus empleos y que la redistribución de la riqueza son imperativos de una sociedad mínimamente solidaria y cohesionada, algo que con todas sus carencias se trata de hacer en Euzkadi frente a una bunkerizada cúpula que supera todas las barreras de la indecencia sindical y política con auténtica quincallería verbal.

Hagamos analogía y expliquemos las cosas. ¿Saben ustedes dónde los vascos lo están pasando angustiosamente mal en estos momentos ante el sonoro silencio de estas sindicales vascas que apoyan una dictadura que al parecer es su modelo? Sencillo. En la silenciada Venezuela. Sí señores, y son tan vascos como nosotros a los que la pandemia les ha tocado malvivir bajo un régimen que sigue sin permitir que se les atienda en su emergencia sanitaria y humanitaria, con una hora de agua al día, a la intemperie. Y eso tiene claves que algunos nos quieren trasladar aquí como receta milagrosa envuelta en la ikurriña, La Internacional en euskera y el puño en alto.

Un amigo me escribía diciendo que la crisis económica y vital que se vive en Venezuela "es cuidadosamente pensada, meditada y ejecutada sistemáticamente por el régimen. El objetivo trazado es el desmantelamiento del sector productivo nacional, la abolición progresiva del derecho de propiedad sobre medios de producción y la desintegración de la economía de mercado, que con todas las imperfecciones conocidas, se ha aplicado en Venezuela. Nos lo decía también el P. Ugalde, un jesuita referencia, miembro de la Teología de la Liberación: la obsesión del chavismo es acabar con la propiedad privada. No conciben una sociedad donde lo público y lo privado puedan convivir.

Ahora bien, hay quienes señalan que la crisis en aquel país es producto de la incompetencia; sin embargo, para acabar con todas las instituciones existentes y crear al "hombre nuevo" no hace falta pensar, sino destruir. Cuando se desea arrasar con una edificación lo único que se requiere es contar con el instrumento necesario para ello y cualquier trabajador de la construcción sabe que a fuerza de mandarriazos puede derribar lo que le pongan por delante.

ELA-STV nació en 1911 del seno del EAJ-PNV. Fue durante años el sindicato nacionalista por antonomasia con una base ideológica y religiosa común. Hoy, quien piense que esta ELA tiene algo que ver con el PNV no tiene más que escuchar estos discursos, que Arzalluz denunciaba. Están a años luz de una ideología socialcristiana o social demócrata. El sindicato-partido ELA y LAB es correa de transmisión de Sortu y va siendo hora de que se asuma con normalidad esta evidencia pero sin caretas, siendo lo tramposo de todo esto el que no nos dicen qué sociedad alternativa, qué paraíso quieren construir, de qué manera se puede generar empleo con este tipo de recetas, discursos y actitudes propias del fracasado socialismo real y de un discurso de tierra quemada.

Entiendo que en estos momentos nos deben preocupar los intentos de recentralización que vienen de la sierra madrileña, pero aun preocupándonos como nos preocupó la Loapa, ha de inquietarnos, asimismo, todo este discurso apolillado y garbancero donde sus enunciadores no nos dicen que son comunistas, aunque envíen telegramas a Maduro de adhesión, mientras describen a los demás como neoliberales, burgueses, carcas, conservadores y mala gente, calificativos que deben alertarnos por la dosis de engaño y manipulación que tienen. Les molesta sobremanera lo del oasis vasco, pero ya sabemos que todo oasis, todo paraíso, tiene su culebra con su consiguiente veneno.

Naiz es un periódico en internet del grupo que edita Gara. La semana pasada, muy alarmados, publicaron algo que al parecer les quita el sueño. Titulaban así: "Un examen de la ESO pregunta por la tendencia del PNV y, por error, la respuesta que se da por buena es "centro izquierda". La ikastola aludida, muy compungida, aclaró que se trataba de un error al parametrizar las respuestas del ejercicio. Al parecer, han caído en los tópicos de esa propaganda por lo que no es de extrañar el tratamiento que da este medio a la noticia ante la constante campaña de aunar al PNV y a Urkullu con la patronal, como si Confebask y el mundo empresarial fueran la culebra depredadora del paraíso cuando de lo que tendrían que alertar es de la planificación cubana o la miseria venezolana. El dato me hace dudar de una educación equilibrada en la que al EAJ-PNV lo definen como un partido tóxicamente de derechas, porque no es verdad. No hay más que remitirse a los hechos, a las trayectorias y a los programas de un partido de 125 años.

Hace años le pregunté al hermano del lehendakari Agirre, Juan Mari, sobre lo que había hecho en su fábrica de chocolates Chobil "La fábrica de chocolates, Chocolates Bilbainos SA –me contestó– fue constituida en 1920 por cuatro fabricantes de chocolate, cuyas marcas eran Martina Zuricalday, La Dulzura, Caracas y Chocolates de Aguirre, participando cada una de ellas en un 25%. José Antonio fue nombrado consejero a su mayoría de edad y su preocupación principal, simultaneándola con la política, se debió especialmente al aspecto social de la fábrica e impulsados por sus ideas sociales llegamos a establecer un reglamento, de acuerdo con el comité de trabajadores formado en la fábrica que para aquel momento fue considerado como un gran avance social en relación al trabajo y al reparto de beneficios y participación en la empresa de una fábrica que hasta 1937 fue la segunda fábrica más importante en su género en el estado español. Todo se desmoronó al llegar los franquistas, que nos quitaron todo". Podríamos hablar de sus discursos sociales y de su práctica como persona representativa de un PNV, el mismo que promueve la RGI y aprueba los presupuestos más sociales en sanidad, educación y bienestar social, pero es perder el tiempo luchar contra una matriz que pretenden acuñar con la reiteración y el vuelo que le dan algunos medios.

El pasado 9 de mayo se celebró el día de Europa establecido tras la declaración de Robert Schuman, uno de los padres de Europa conjuntamente con sus compañeros democristianos Alcide de Gasperi, Konrad Adenauer, Jean Monnet y el socialista Spak. Pusieron en práctica el principio tomista de la subsidiariedad. Estaban también allí Agirre, Landaburu, Rezola, Leizaola, Nardiz€ gente hecha para construir y unir personas en un proyecto que, como dijo Monnet, "no coaligamos estados, unimos hombres". Todo lo contrario de los discursos disolventes del irresponsable mandarriazo sindical del Primero de mayo.

* Parlamentario de EAJ-PNV 1985-2015