Tribuna abierta

Aquellos años terribles de la contaminación

(En recuerdo de Josu Murueta y Antón Fernández)

Medio siglo después de aquellos 70 en los que el periodismo ambiental era una quimera, los cielos no son tan grises, los niveles de gases en nuestra atmósfera han mejorado y la información global contribuye a sensibilizar. Pero el desafío sigue ahí y tiene nombre: crisis climático

09.02.2020 | 20:38

HOY, 28 de octubre, y el miércoles, día 30, se celebra el cincuenta aniversario de los asesinatos por parte de la policía franquista -Policía Armada-, de los vecinos de Erandio Josu Murueta y Antón Fernández, cuando tuvieron lugar masivas movilizaciones contra la contaminación atmosférica, bajo el grito de "Fuera el gas". Josu Murueta murió el 29 de octubre de 1969 por un disparo en el abdomen, cuando se encontraba vestido con buzo. Antón Fernández fue alcanzado por un disparo en la cabeza el día 30 de octubre cuando se encontraba asomado en el balcón de su casa, muriendo días después en el hospital.

La noche del 28 de octubre de 1969 marcó un hito en la historia reciente del País Vasco al convertirse en escenario del germen de las movilizaciones vecinales en pleno franquismo. El contexto histórico y la crudeza con la que se desarrolló la primera gran protesta ciudadana provocaron que aquella revuelta que explotó en el municipio vizcaino de Erandio en plena dictadura quedara grabada a fuego en la memoria colectiva.

Erandio, que por aquel entonces era un barrio de Bilbao y no un municipio independiente, llevaba años soportando las emisiones contaminantes procedentes de empresas radicadas en la zona como Remetal, Indumetal, Metalquímica, Olarra S.A. y Dow Unquinesa -perteneciente al grupo estadounidense Dow Chemical-; pero también sufría los gases procedentes de Altos Hornos y otras compañías siderúrgicas y metalúrgicas situadas en zonas colindantes. La situación era tal que, solo diez años después de estos sucesos, el Consejo de Ministros reconoció el Área Metropolitana de Bilbao como "zona contaminada", calificación que no se retiró hasta 25 años después.

Recuerdo de aquellos tiempos, cuando fui a estudiar con 17 años a Bilbao desde mi Tolosa natal, que veíamos el cielo casi siempre de color gris debido a la contaminación existente, fundamentalmente de origen industrial. Sin embargo, los niveles de contaminación en Bilbao y en el resto de la geografía vasca han mejorado. Entre las causas que han contribuido a esa reducción de la contaminación atmosférica se encuentra el cierre de empresas, pero también la mejora de los combustibles, el empleo de tecnologías más limpias, una legislación más exigente, etcétera. Así, cabe citar las Autorizaciones Ambientales Integradas, un trámite previo a cualquier actividad, la regularización de focos para actividades potencialmente contaminadoras de la atmósfera, licencias de actividad...

A pesar de todo, cada vez es más preocupante, la contaminación atmosférica generada por el tráfico de vehículos. Concretamente, el tráfico urbano es el responsable de la emisión de gases contaminantes a la atmósfera, como el dióxido de nitrógeno (NO2). En una ciudad tipo, el 60% del dióxido de nitrógeno procede del tráfico con el añadido de que la diferencia con las emisiones de una central térmica o una industria es que los vehículos conviven con las personas. Por tanto, es una cuestión que habrá que seguir vigilando y controlando en los próximos tiempos; impulsando con más fuerza si cabe los desplazamientos a pie, en bicicleta o en transporte público, para lo que hace falta más concienciación y sensibilización en el conjunto de la sociedad, además de arbitrar medidas que restrinjan el tráfico de vehículos.

Volviendo a aquellos años -ahora que la Asociación Vasca de Periodistas y el Colegio Vasco de Periodistas han concedido el Premio Periodismo Ambiental 2019- cabe decir que en las décadas de los 70 y 80 el periodismo ambiental era casi una utopía. La casi única fuente de información existente procedía de los grupos ecologistas, y los medios de comunicación de entonces se hacían eco de ella. Sin duda, en pleno siglo XXI, las cosas han cambiado notablemente. En los últimos años, el periodismo ambiental ha dejado de ser un periodismo emergente para convertirse en una especialidad informativa cada vez más consolidada. Hoy en día, nos encontramos con profesiones y periodistas capaces de difundir una información ambiental con rigor, contrastada, contextualizada y basada en datos científicos.

Otro aspecto a reseñar, es que las innovaciones informáticas han generado un nuevo abanico de fuentes. Y las bases de datos relacionados con el medio ambiente son cada vez más. En este sentido, cabe decir, que Internet y las nuevas tecnologías de la información están suponiendo un cambio revolucionario en el panorama informativo mundial.

La utilización de estos nuevos recursos expresivos está favoreciendo que las audiencias más familiarizadas con estos nuevos modelos de socialización (niños y jóvenes) se sensibilicen ante los problemas ambientales. Internet y las nuevas tecnologías han ampliado las fronteras de la información ambiental, permitiendo visiones de lo local a lo global. Las enormes posibilidades de difusión así como sus capacidades expresivas (multimedia) y participativas hacen de estos nuevos medios los escenarios idóneos desde los cuales difundir estas cuestiones. Pero también conviene decir, y quizá aquí esté el meollo de la cuestión, que si tenemos un mayor acceso a la información también lo tenemos a un volumen de datos que nos puede confundir, incluso datos falsos procedentes de un mercado de la información en el que cuesta distinguir la paja del trigo. En este sentido, es fundamental desarrollar un espíritu crítico e independiente y no dejarse instrumentalizar.

Actualmente, nos encontramos con el mayor desafío ambiental que tiene la humanidad, la crisis climática. ¿Estamos a tiempo de revertir el daño que le estamos infligiendo al planeta? El diagnóstico oficial es que hace ya mucho tiempo que es demasiado tarde, pero todavía estamos a tiempo, siempre y cuando modifiquemos las conductas que tienen como propósito la reconciliación con la naturaleza.

José Saramago narra en un cuento la historia de unas termitas que excavan pequeñas galerías en la madera de la silla en la que se sentaba un dictador. Tras mucho esfuerzo y complejos cálculos, logran que la pata de la silla se rompa, de forma que el dictador se golpee contra un pico y muera. La caída del dictador parecería fruto del azar y en los relatos oficiales del suceso nunca se reconocerá el anónimo, desinteresado y sacrificado esfuerzo de las termitas que han sido quienes han hecho posible el cambio.

La historia enseña que las transformaciones sociales que permitieron en el pasado formidables logros emancipatorios fueron posibles porque hombres y mujeres se movilizaron por valores que daban sentido a su vida. Las movilizaciones mundiales ligadas a la huelga climática del 27 de septiembre y otras que se han sucedido en los últimos tiempos permiten pensar que hay miles y miles de termitas dispuestas a ser parte activa en la lucha contra la crisis climática.* Premio Periodismo Ambiental del País Vasco 2019

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