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Erredakziotik

J.L. Hurtado

Ilegal e indecente

Llega un momento en que ya no basta con describir: hay que llamar a las cosas por su nombre, tomar partido y explicar por qué. He evitado hasta ahora detenerme en la eficacia propagandística de Vox y en la carga ideológica que encierra su llamada ‘prioridad nacional’, con la ingenua esperanza de que el artificio se desinflara por sí solo con el paso de los días. Después de lo ocurrido en Extremadura y Aragón, esa cautela ha dejado de tener sentido. No hay nada inocente en la expresión. Bajo esa fórmula aparentemente neutra, Vox propone una idea tan vieja como excluyente: establecer una jerarquía de derechos y decidir quién merece ser protegido, atendido o reconocido dentro de la comunidad política. Las ideas más agresivas vienen envueltas en fórmulas pensadas para hacer aceptable lo inaceptable. Hubo algo particularmente desolador en ver a Guardiola desdecirse de sus propias palabras y liquidar sus líneas rojas para alcanzar la presidencia con los votos de Vox. Pero la claudicación encontró en Aragón una expresión todavía más nítida. El discurso de Azcón confirmó que el PP ha empezado a asumir el marco verbal y político de la ultraderecha. Ha hecho suya la llamada ‘prioridad nacional’, una fórmula concebida para suavizar la exclusión y revestir de sentido común la desigualdad. Ignoro hasta dónde llegará la normalización de esos conceptos racistas y excluyentes en la política cotidiana de las comunidades donde PP y Vox van a gobernar juntos. Lo que sí sé es que hay un punto en el que la indecencia política deja de ser solo una cuestión moral y roza la ilegalidad.