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Erredakziotik

Sandra Atutxa

Coordinadora Multiplataforma

Desconexión compartida

En una terraza de una cafetería de Bilbao, una familia comparte mesa. No hay conversación. Tampoco miradas cruzadas. Cada uno sostiene un móvil y lo observa con atención. La escena dura varios minutos. Nadie parece incómodo. No es la primera vez que vemos, en bares o cafeterías, carteles con mensajes que aluden a la falta de conversación entre las personas, recordándonos que, a veces, estamos juntos sin realmente hablarnos. La publicidad, la ironía o la amabilidad del aviso destacan algo que ya se ha vuelto cotidiano: la desconexión compartida. Las terrazas están llenas, pero las conversaciones no siempre lo están. En el caso de los adolescentes, el móvil es la principal vía de relación, información y entretenimiento. En el de los adultos, una mezcla de costumbre, evasión y necesidad. No hay reproche explícito, pero sí una pregunta incómoda: ¿qué lugar ocupa hoy la conversación? La normalización de estas escenas apunta a un cambio profundo en la forma de relacionarnos. Nuestros pueblos no son ajenos a esta transformación. Basta con recorrer cualquier terraza para encontrar imágenes similares. Familias, parejas o cuadrillas presentes, pero no disponibles. Conectadas a todo, excepto a quien está al lado. Si seguimos en esta línea, mal vamos, y peor vamos a acabar. No nos damos cuenta de que ese tipo de actitudes fomentan la soledad y el individualismo. Creemos estar conectados, pero en el fondo no lo estamos: nos alejamos de la realidad que nos rodea y del contacto verdadero con quienes tenemos cerca.