Los dos últimos jueves, 25 de diciembre y 1 de enero, DEIA no ha llegado a los kioscos. Es la tregua que, junto al Sábado Santo, da la prensa a sus lectores. Aunque de un tiempo a esta parte la maquinaria imparable de la versión digital alimenta el espíritu informativo de los lectores sin descanso, del desayuno a la cena. Así que regreso a esta página un 8 de enero, día gris y pesado por la vuelta al cole, manifestación pesada con el sabor acre en la boca de la obligación para los menores. Otro secreto que se oculta a los niños en estas fechas, lo mismo les ocurre a los padres o peor. Y a las familias que no tienen hijos y en estas fechas se envuelven en el espíritu navideño como si fuera una marea que les empuja a ser la izeko o el osaba del año. Balón de oro familiar. Y se preguntarán a qué viene todo esto. Yo también. No sé, tal vez sea una forma de espantar el fantasma. ¿Qué se ha celebrado estas últimas tres semanas? Eso no requiere mucha explicación. Por un lado el nacimiento de Cristo y por otro el cambio de año, que la experiencia demuestra que es el peor día para salir de fiesta. Vale, que también son fechas para pasar en familia, pero el fantasma del que antes hablaba es tener que hacerlo sacando a pasear la tarjeta de crédito y asumiendo gastos que desbordan, en general, la lógica. El reto es inabordable, pero sería estimulante conocer cuánto les costaba a nuestros aitites la Navidad y compararlo con el gasto de hoy. Y sobre todo compararlo con la devoción con la que ellos afrontaban estos días. Nos queda grande la cita.
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