Mesa de Redacción

Agnóstico culinario

04.08.2021 | 00:14
Agnóstico culinario

Se acaban de cumplir diez años de La Última Cena en El Bulli. Uso las mayúsculas porque el endiosamiento que se hace hoy de la Alta Gastronomía y de sus Creadores convierten aquel 30 de julio de 2011 en el hito que cerró una era y abrió otra. Estaríamos, así, en el Año 10 d. B. (después del Bulli). Valga esta introducción para pasar a una lectura más prosaica de aquel Hecho. Estuvieron allí cincuenta apóstoles (no sé si un solo Judas o más), algunos de los cuales han sido ahora entrevistados en medios de comunicación (que somos los Evangelios que recogen Sus milagros). Y oyendo una de esas entrevistas, esperaba y esperaba que el periodista hiciera la pregunta para mí clave (no la hizo): ¿Cómo se prepara uno para esa Comunión? Es decir, ante un acontecimiento tan espiritual y trascendental, en el que todos los sentidos deben estar afinados para no perder matiz, ¿qué se desayuna, qué se come, qué se merienda ese día, y los días anteriores? Porque uno no se mete entre pecho y espalda un potaje de garbanzos horas antes de entrar en el Templo del Saber Culinario. ¿Es como cuando ayunábamos antes de que nos dieran la Sagrada Ostia? Y, llevado por esa duda, me traslado a otros ágapes de esos de reservar con meses o años de antelación. ¿Y si ese día se pilla un resfriado, se queda uno sin oler la ostia, pero le dan igualmente la hostia post-postrem? ¿Se prepara el Acontecimiento como unas olimpiadas? ¿Entrenamiento de élite? Son preguntas que me hago desde mi agnosticismo, claro.

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