Profecía fallida

– Cuando el primer tanque ruso entró en Ucrania desmintiendo a los brillantes analistas que sostenían que la invasión era producto de la intoxicación de la OTAN y sus correveidiles, casi todos creímos que Putin tardaría un suspiro en poner de rodillas a Zelenski. Una profecía que se está demostrando un fiasco. No solo porque llevamos siete meses y medio de guerra, sino porque en las últimas semanas lo que cuentan las noticias es cómo el ejército ucraniano está recuperando decenas de posiciones estratégicas y poniendo en vergonzante retirada a las supuestamente todopoderosas fuerzas invasoras. La mayoría tenemos excusa ante el fallo del vaticinio, puesto que andamos peces en el conocimiento real del poderío de las dos fuerzas armadas enfrentadas, del mismo modo que carecemos del menor conocimiento de estrategia militar. Nos guiábamos por la intuición y, sobre todo, por lo que nos contaban los expertos que en aquellos días iniciales sentaban cátedra en prácticamente todos los medios de comunicación.

“Evitar el sufrimiento”

– Me pregunto dónde andarán todos esos generalotes –algunos en activo, otros en la reserva– del ejército español que comparecían ante las cámaras o que escribían sesudos artículos de fondo para explicarnos que Ucrania le iba a durar medio asalto a Rusia. Daban por finiquitada la contienda en dos semanas como mucho y vestían su afirmación con supuestos argumentos irrebatibles que ahora mismo provocan una enorme vergüenza ajena. Lo que, si no fuera trágico resultaría gracioso, es que muchos antimilitaristas de pro se agarraron a los pronósticos de esos uniformados con la pechera a reventar de medallas para reclamar la rendición inmediata de Ucrania. El pretexto era que, puesto que la victoria era imposible, por lo menos, se evitaría el inútil derramamiento de sangre. En el colmo del esperpento y el rostro de alabastro, la mayoría de tales proclamas derrotistas las lanzaban los que nos cantan las mañanas con las resistencias heroicas de los palestinos, los saharauis o, más cerca, de los antifranquistas.

Nada está escrito

– La cuestión es que en este minuto Ucrania resiste y el sátrapa del Kremlin asiste con impotencia y descomunal cabreo al repliegue con las orejas gachas de sus huestes. Es decir, de los soldados que, mal que bien, están en condiciones de regresar. Varios miles se han quedado a criar malvas en la tierra que les mandaron conquistar. La tortilla se ha dado la vuelta, pero dar por hecha la derrota rusa sería un error equivalente al que acabamos de glosar. Por desgracia, queda mucha sangre por correr.