Editorial

Los fantasmas no purgados por el PP

Vuelve a acosar al Partido Popular un pasado demasiado reciente y demasiado persistente como para que se pretenda resolver de un plumazo, como si el partido de Casado fuera una construcción nueva

05.02.2021 | 01:27

LA confesión hecha pública por Luis Bárcenas sobre las irregularidades contables del Partido Popular durante la presidencia de Mariano Rajoy rescata de la memoria extremos presuntamente delictivos en la actividad política del partido, su financiación y el uso de fondos opacos. El periodo anterior, de José María Aznar, está aparentemente soslayado por el fallecimiento del anterior tesorero del partido pero no aclarado en las prácticas dudosas que vuelven a aflorar, y cuyo origen podría estar situado precisamente bajo el liderazgo del ahora presidente de FAES. Las revelaciones de Bárcenas, dirigidas a la Fiscalía Anticorrupción, merecen ser analizadas en contexto y en contenido. El contexto es significativo por sí mismo ya que llegan después de años en los que el extesorero mantuvo un silencio cómplice a medio camino entre la lealtad y la amenaza, toda vez que impuso condiciones relacionadas con su situación y la de su esposa. Frustradas sus expectativas de evitar la cárcel a esta y de reducir el impacto de las acusaciones sobre sí mismo, Bárcenas ofrece ahora las explicaciones que soterradamente se intuían, que documentalmente se acreditaban y que las diversas líneas de investigación judicial hacían converger en un modelo de clientelismo que redundaba en la financiación del partido, como ya quedó acreditado en la primera sentencia de la trama Gürtel, donde el propio Mariano Rajoy quedó desmentido en su declaración como testigo por las evidencias constatadas por el tribunal. La confesión de Luis Bárcenas confirmaría una sucesión de tramas. Desde la existencia de la propia caja B del partido hasta su utilización para pagar sobresueldos a cargos del mismo, gastos inmobiliarios en la sede y un modelo de obtención de recursos económicos de un círculo de intereses y empresas que redundaría en una manipulación de las condiciones democráticas al disponer de recursos económicos irregulares con los que posicionar electoralmente al PP ante la opinión pública –incluso financiando con dinero negro a medios de comunicación–. Un liderazgo y una ejecutiva medrada al calor de esa estructura y bendecida por ella no puede ponerse de perfil. El PP de Casado no es un proyecto nuevo construido por un impulso reciente sino destilado de un pasado sospechoso en el que participarían intereses políticos y económicos opacos de un modo constante.