Editorial

Como su propio nombre indica

Euskaltel surgió del esfuerzo de la sociedad vasca por ponerse en vanguardia de la revolución de las comunicaciones y su relación y vínculos, no solo históricos, con esta no pueden llegar a estar en cuestión

08.02.2020 | 22:45

EL reiterado interés del fondo de inversión Zegona por reforzar su posición en Euskatel y convertirse en accionista de referencia se debe entender en realidad como la constatación del éxito de un proyecto nacido de la mano de las instituciones vascas hace un cuarto de siglo y fundamentado en el desarrollo de la red de fibra óptica que la sociedad pública de telecomunicaciones del Gobierno vasco, Euskalnet, inició en 1992. Aquella primera infraestructura, que Euskaltel utiliza desde 1995 -cuando se formó, participada por Euskalnet (40%) y las tres cajas vascas-, que adquirió en 2011 y que ha venido ampliando y desarrollando, ha sido y es un activo básico de la compañía vasca de telecomunicaciones que el grupo británico, hasta ahora propietario del 15% (aunque llega a más de un 16% a través de un acuerdo con otro accionista), pretende controlar tras el anunció hace días de una ampliación de capital de más de cien millones de euros con que financiar la operación. Ahora bien, la posibilidad de reforzamiento financiero, también de su posición en el mercado de las comunicaciones a través de una expansión que en el Estado sería bajo la marca Virgin, no debería llevar a la desnaturalización de Euskaltel al ignorar que la compañía, como su propio nombre indica, surgió del esfuerzo por la innovación que realizó la sociedad vasca y cuestionar su relación con la misma a través de sus vínculos con el sector vasco de telecomunicaciones y el mantenimiento en Euskadi de su centro de decisión. Cuando Zegona pretende hacerse con un 12,5% más hasta alcanzar el 28% del capital de Euskaltel, que el que hoy es principal accionista -Kutxabank, aunque ha reducido su participación en un 1,5%, hasta el 19,88%- mantenga una posición de referencia y capacidad de influencia, sin limitarse a la gestión de los dividendos, contribuirá a evitar el riesgo de que la compañía se vea dependiente de intereses ajenos a los de la sociedad vasca. Es imposible obviar que los vínculos (no solo históricos) con Euskadi de la empresa, defendidos por su presidente Alberto García Erauzkin hace apenas unas fechas, reclaman de quien es ajeno a los mismos y llega a través de las adquisiciones bursátiles una sensibilidad que no le resultará sencilla de asumir si no hay quien le condicione o empuje a hacerlo, convenciéndole además de que no son un freno, sino todo lo contrario, a sus estrategias.