Rojo sobre blanco

Suerte sí, pero buscada

Fue esa clase de empuje que sale de dentro, intenso a más no poder, como una reivindicación que el Betis no supo prever ni descifrar

20.12.2021 | 00:34
Unai Vencedor, uno de los destacados en el Athletic, intenta frenar el avance del bético Sergio Canales.

aGOBIADO por una espera que se estaba eternizando, el Athletic se superó a sí mismo para obtener el resultado que tanto ansiaba. Ya se sabía, pero no hay más secreto que el gol y, a efectos prácticos, marcar tres es sinónimo de éxito. Hasta ayer su mejor registro en un partido eran dos goles, cifra que en condiciones normales suele traducirse en victoria, sobre todo para quien se ha habituado a conceder muy poco en su área. Así ocurrió ante Mallorca y Villarreal, mientras que contra el Granada solo sirvió para empatar. Pero es complicado que el rival neutralice un tercer acierto, máxime si llega a un minuto del 90. Detalle este que revaloriza el logro en una tarde frenética, con alternativas notorias que incluyeron una remontada por bando y que, la verdad, pudieron haber inclinado el desenlace hacia cualquier lado, sin descartar en absoluto las malditas tablas.

Las mejores imágenes del Athletic 3- 2 Betis. Fotos: Borja Guerrero

Oportuno, el chut que decidió el signo del duelo vino a hacer justicia y sin duda resultó reparador, muy gratificante, para un equipo peleado con el fútbol, con la inspiración, la fortuna y, como para no reconocerlo, consigo mismo. Después de ocho jornadas en que había mezclado méritos y decepciones, un cóctel amargo que empezaba a afectar a la autoestima y restaba sentido a la mayoría de las reflexiones que trataban de explicar una inercia descorazonadora, por fin el Athletic tuvo premio.

No se lo pensó De Marcos cuando vio que Sancet, envuelto en una maraña de defensas, fintaba en la frontal y sin querer le cedía la pelota. Qué hacía en esa posición el veterano lateral, nadie lo sabe, seguramente ni él mismo, pero por puro instinto empalmó en dirección a la portería y el envío fue desviado por Víctor Ruiz que dejó a su portero con el molde. Rui Silva, bien colocado, había detectado la intención del capitán, pero no pudo reaccionar una vez el remate tomó el camino del poste opuesto, el que no cubría. ¿Suerte? Por supuesto, aunque no fue suerte a secas. Suerte buscada, pues el Athletic perseguía en ese instante romper el empate a dos que amenazaba con prolongar una dinámica insufrible.

Cabría afirmar que la clave de la buena noticia que tuvo lugar en San Mamés radicó en el inconformismo de que hizo gala el cuadro de Marcelino frente a un enemigo que en diversas fases intimidó por la seguridad con que se desenvuelve y la naturalidad con que genera situaciones de peligro. El repaso cronológico del choque desvela que el Betis lo tuvo todo a favor para prolongar su marcha triunfal en el campeonato. Le costó apenas un suspiro invalidar la temprana ventaja local, asumió el control mediado el primer acto, pisó a fondo el acelerador a la vuelta del descanso, fabricó cuatro llegadas y fruto de ese crecimiento se adelantó.

En apariencia los de Pellegrini habían hecho la parte que les correspondía, lo suficiente para regresar a casa con la sensación de superioridad intacta, cumpliendo el pronóstico. No entraba en sus cálculos una réplica como la que abarcó el último tramo. Con una fisonomía impensable (Agirrezabala, De Marcos, Nuñez, Zarraga, Sancet y Berenguer, en el ajo), en el día en que Iñaki Williams acarició la gloria y Vencedor se hizo omnipresente, el Athletic se las arregló para montar una ofensiva que al Betis le vino grande. Fue esa clase de empuje que sale de dentro, quizá no muy ortodoxo, con errores y demasiada aceleración, pero intenso a más no poder, como una reivindicación que en las filas andaluzas no supieron prever, ni descifrar. El Athletic se les fue encima y de nada sirvieron los rondos que Canales, Fekir y compañía acostumbran a intercalar para enfriar ánimos y recuperar la iniciativa.

El zurdazo a la escuadra de Iñaki Williams desató el nervio y en adelante Rui Silva vivió un calvario. Él, los defensas, los medios y el resto. Había que invertir mucho corazón, con repertorio técnico no alcanzaba, para aplacar a un Athletic que fue capaz de enardecer a su afición y halló en De Marcos al encargado de rubricar una pequeña hazaña. Una porque no se había asistido a algo igual en tiempo; pequeña porque no deja de ser un solo partido resuelto favorablemente, un marcador aislado al que agarrarse en mitad de la deriva, mientras no se demuestre lo contrario; y hazaña porque de qué otro modo cabe calificar el hecho de ganar a uno de los mejores de la categoría en una fecha en que los condicionantes negativos se acumulaban sobre los hombros del Athletic como nunca. Casi dos meses de penurias, ausencias de peso, nivel del oponente, vuelco a la ventaja cobrada de inicio.

noticias de deia