La otra mirada

Adioses con nostalgia contenida

21.12.2020 | 01:13
Adioses con nostalgia contenida

tradicionalmente por estas fechas la entrada de nuestra casa solía ser un caleidoscopio cuajado de tarjetas navideñas. Los muchos Gabonak, Zorionak eta Urte Berri On de familiares y amigos saltaban a nuestros ojos nada más encender la luz del hall, devolviéndonos en forma de manuscrito cariñoso los saludos y deseos de felicidad que antes les habíamos enviado. Pero año tras año el caleidoscopio pierde colores y las postales físicas firmadas de puño y letra están en cuarto menguante, sustituidas por mensajes WhatsApp y felicitaciones vía correo electrónico, quizá calurosas y entrañables, eso sí, pero siempre en el marco digital, tan desprovistas de alma como una comunicación comercial o administrativa. Navidad que incrementa un poco más la remembranza de aquellas cartas manuscritas personales esperadas que ya no acuden a nuestro buzón, sino a nuestro ordenador. Aunque me resisto a este réquiem anunciado de correos personalizados y postales navideñas y sigo enviando cuantas puedo, comienzo a asumir que en mi particular enfrentamiento con los elementos on line camino de victoria en victoria hasta la más que presumible derrota final. Sucumbir a manos de ese bien armado ejército digital no me produce especial tristeza, sino más bien melancolía de atardecer otoñal por el adiós de lo que sabes que jamás volverá.

Mientras me envuelve la morriña con la añoranza de mis postales, reparo en que tampoco uso ya llave de coche ni auriculares con cable, que mi reloj analógico es pura almoneda y que ya no escucho música en CD ni LP en tocadiscos vintage de mi juventud.

Y yendo de adioses, ya ni me acuerdo de cuándo consulté el último mapa en papel, busqué una aclaración en una enciclopedia tradicional o un sinónimo en un diccionario con hojas tuneadas por el paso continuo de las yemas de mis dedos. Me resisto a abandonar mis lecturas con olor a tinta y todavía no he renunciado a humedecer mi dedo índice para deslizar con parsimoniosa delicadeza de terciopelo la próxima hoja, pero sé que desde mi escritorio la tableta me envía señales de superioridad indisimulada; sabe que vencerá y que más pronto que tarde diré adiós al papel.

También hace ya mucho tiempo que no firmo cheques y que no solo los billetes y monedas están en su declinar, sino que incluso mi tarjeta plástica de crédito-débito empieza a ser una antigualla como forma de pago.

Las cabinas telefónicas tiempo ha que son piezas de anticuario, casi de museo, pero claro, también hace mucho que no uso un teléfono de teclas, ni me envían un fax ni corto teletipo; y cada día leo más periódico on line, como prefacio del pronto obituario del periódico-papel. Y ni me acuerdo de mi despedida de las fotos impresas para almacenarlas ahora en carpetas digitales en el ordenador o en el teléfono.

Tantas cosas que van desapareciendo o al menos difuminándose para convertirse en solo recuerdos, quizá vivos, pero solo recuerdos.

Ahora que ya casi estamos olvidando saludarnos con un par de besos o con un efusivo abrazo de los que rozan los corazones o mirar la sonrisa franca, añoro una Navidad que no me hablase de miedos, controles, precauciones ni contagios, sino de explosión de alegría por volver a ver a mis queridos.

Decía G. K. Chesterton que "hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina". Frente a esos muchos adioses definitivos, espero, como Chesterton, que a la vuelta de la esquina encontremos pronto otra vez la Navidad, que no sea una nostalgia, sino realidad sin embozar.

nlauzirika@deia.com@nekanelauzirika

noticias de deia