El sacacorchos

Sombra temible

12.03.2021 | 00:45
Sombra temible

LA duda es una desconfianza o una sospecha, un virus que te deja vacilante, adjetivo que nada tiene que ver con los bacilos ni las bacterias, esos seres microscópicos que tan a mal traer nos tienen, sino con el verbo vacilar. Es normal que después de tanto tiempo a la espera, la sombra que se cierne sobre la vacuna de AstraZeneca resulte temible para buena parte de la ciudadanía y sus gobiernos. Media docena de países europeos han suspendido de manera preventiva la distribución y administración de un lote de la vacuna de AstraZeneca tras detectarse "graves casos de trombos" en personas que la habían recibido. Hemos escuchado tantas veces los elogios sobre lo rápido que se dio con la vacuna que la calle –y sus gobiernos, insisto...– han aplicado en sus quehaceres ese viejo consejo del refranero. En concreto, el que dice "vísteme despacio que tengo prisa".

Es normal que así sea, por mucho que la Agencia Europea del Medicamento haya tratado de tranquilizarnos al asegurar que "actualmente no hay indicios de que la vacunación haya causado estas afecciones y que no se enumeran como efectos secundarios con esta vacuna". Hablan, eso sí, maravillas de los beneficios, pero ya se sabe que la sombra de la sospecha crece a ritmos vertiginosos cuando no se sabe bien de qué ni de quién recelar. Es como una de esas novelas negras que tanto se estilan hoy: desde que desaparecieron los mayordomos de nuestro paisaje el número de sospechosos crece rápido.

Vamos a pensar que no ha sido sino una casualidad. Es lo más tranquilizador. Porque como nos dé por darle vueltas al asunto y empecemos a pensar que somos, nosotros, el común vulgo, los conejillos de Indias, nos da un patatús. Y de eso también se muere uno.