El bombín roto

Lo que queda por vivir

15.04.2021 | 00:55
Lo que queda por vivir

EN una cancha de fútbol se juegan todos los dramas humanos", dijo el escritor francés Albert Camus, quién tuvo un pasado como portero porque una tuberculosis de larga y mala curación le sacó de la delantera y le condenó bajó los tres palos. Sabía de lo que hablaba el bueno de Albert. Acabo de recordar su historia ahora que media afición rojiblanca mira de reojo y con prevención a la enésima final que se avecina. También en estos preámbulos que tanto vivimos los hinchas, fantaseando con el gol del último minuto, en una defensa numantina o en el partido de su vida de tu estrella favorita, hay un drama que vivir: el miedo.

El escritor británico Rudyard Kipling (1865-1936) despreció a ese deporte y a "las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan" mientras que años después Gabriel García Márquez, quizás por pura réplica literaria y tras un partido entre Junior y Millonarios, declaró: "No creo haber perdido nada con este irrevocable ingreso que hoy hago públicamente a la santa hermandad de los hinchas. Lo único que deseo, ahora, es convertir a alguien".

Hoy no escribo para las almas pequeñas de uno sino para la santa hermandad del otro. Al fin y al cabo, muchos de ustedes sabrán que uno se enamoró del Athletic de muy joven, como más tarde se enamoraría de las mujeres: de repente, con pasión y sin críticas y sin pensar si traería consigo trastornos o felicidades crudas, salvajes. Hoy te escribo a ti, que me pones el café y a ti, que me llenas el plato. Al vecino del quinto cuyos juramentos escuchaba hace apenas diez días y a ti; conductor de mi autobús, que no has recuperado la sonrisa desde entonces, desde el día en que Oyarzabal te la congeló desde el punto de penalti. A todos vosotros y vosotras que poco a poco vais despertando del estado de shock os diré algo: ahí, al doblar la esquina, aparecerá el desenlace de la final más larga de nuestras vidas desde que supimos que iban a encadenarse tres. De los dramas de Camus ya tuvimos noticia: el imposible de una Supercopa cargada de dificultades y la honda decepción de una final que ya teníais, teníamos, cantada, frente a la Real Sociedad. Llega la tercera hora y ellos, los que nos dejaron un día con la boca abierta y al siguiente con los ojos llorosos, ya sabrán lo que tienen que hacer.

Da igual que se lo digamos o no. Da igual que les cantemos que los llevamos en nuestro corazón. Las que fueron almas pequeñas hace unos días ahora tienen la ocasión de agigantarse, quienes miraron a Messi con pavor en los ojos, ahora pueden verlo partir cabizbajo, sometido. Ellos sabrán qué hacer y cómo. A ti, a mí, a nosotros, nos quedan por vivir días de fútbol grande y una pasión inabarcable. En esta final que anhelamos y en las que quedan por venir. Por vivir.

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