El bombín roto

Un ajuste de cuentas

10.12.2020 | 01:14
Un ajuste de cuentas

A Garitano ya le dicen que este es 'su' Athletic y no 'nuestro' Athletic cada vez que hincan la rodilla. Esa es la dura ley de la calle del fútbol

CUANDO se le ponen etiquetas a un equipo de fútbol se están empobreciendo sus posibilidades. Lo digo porque cada vez que una voz crítica señala con el dedo los males del Athletic de cara al gol surgen voces discrepantes. Acabamos de escucharle a Iker Muniain. "Quizás nos falta marcar, pero hacemos cosas bien", como si el domingo fuesen a misa peinados con raya en medio y caras de niños buenos. No es la primera vez que se se ha escuchado esa queja: hacemos mucho bien pero nos condena lo malo. Y el que no quiera verlo es un pesimista que molesta (Muniain dixit) o, lo que es peor, un realista que canta las verdades del barquero. Que si me falta fulano, que si la mala suerte me persigue o la buena le abraza al equipo rival; que si no cambió todo por unos centímetros. Mil excusas y otros tantos dedos que señalan.

Sopla un viento extraño alrededor del Athletic, un viento de vísperas, como el de aquella noche de febrero. Siete de los jefes de la banda del gánster judeoirlandés Bugs Moran se hallaban en un garaje de Chicago, sede del gang. De repente, tres policías irrumpen en la estancia ordenando "¡Manos arriba!" Los gánsteres acatan las órdenes del cuerpo de la ley entre bromas, convencidos de que se trata de uno de los registros de rutina habitual realizados por un cuerpo amancebado con la Mafia. Y entonces entra Lou, hombre de confianza de Al Capone, acompañado de sus sicarios y... Bueno, ya habrán oído hablar de la masacre de San Valentín.

Les he traído del viejo Chicago esta historia porque habla de los ajustes de cuentas, el mismo espíritu que hoy se respira en el torno al Athletic. A Garitano se le repite, una y otra vez, que su Athletic no es nuestro Athletic y a su sombra le acecha una sombra voraz: Ultimátum. A los jugadores de más prestigio se les acusa de no entregarse a la causa cuando las cosas les vienen torcidas, como si fuesen más de lo que son. A la junta directiva les miran las arcas y les lanzan preguntas insidiosas: ¿Por qué pusiste a este y no al otro?, ¿dónde está el dinero de mi cuota?, ¿qué medidas correctoras piensas aplicar sobre el césped y en la tesorería...? Garitano deja entrever que siempre está en entredicho, a los jugadores les duele oír que no dan un palo al agua (solo les falta decir aquello del "me tienen envidia" del célebre portugués...) y en la junta se reunen una y otra vez, planea que te planea, pero sin arranque sólido que valga.

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