Barnealdea

No confundan valor con precio

08.02.2020 | 01:51
José A. Diez Alday

cuando la economía, entendida como valor fundamental para mejorar la vida de las personas y hacerla más humana, abandona la ética y pasa a ser contabilizada como la herramienta o el precio para obtener beneficios al margen de su valor social, puede acontecer una crisis como la vivida a partir de 2007. Ahora bien, todo puede empeorar y así ocurre cuando se convierte en instrumento de las estrategias políticas que utilizan a la ciudadanía como mercancía electoral. Lo cierto es que, sí, somos mercancía electoral, pero no sólo eso. Aunque estemos en lo que René Guénon denominó en 1945 como el Reino de la Cantidad, la vida es más es algo más, mucho más, que la sucesión de transacciones económicas o los resultados de una consulta electoral.

Señalo, con especial énfasis, estas primeras líneas porque ambas fases, la economía como herramienta para obtener beneficios y como instrumento electoral se darán cita en los próximos tres meses se basan en confundir el valor con el precio. Será una primavera complicada, tan incierta como frívola. Es incierta como cualquier otro periodo electoral y, en esta ocasión, la cita ante las urnas se triplica (generales, europeas y locales). Y será frívola porque de la estrategia electoral de muchos partidos políticos sólo cabe esperar la prestidigitación dialéctica que utiliza los sentimientos de las personas sacando de la chistera un cúmulo de promesas que terminan por ser incumplidas.

Entramos en el carnaval electoral. Sin embargo, la realidad es más compleja. Aunque vivamos en el Reino de la Cantidad. Es cierto que los números, como los precios, pueden ser fáciles de analizar y manipular en la medida que puedes publicitar los éxitos propios y los fracasos de los rivales. Pero no menos cierto es que los ciudadanos también tenemos la capacidad para percibir la diferencia entre la calidad de lo objetivo y la subjetividad de lo cuantitativo. Dos ejemplos nos han llegado esta semana para avalar semejante planteamiento.

CONSEJO VASCO DE FINANZAS Por un lado está el acuerdo al que han llegado el Gobierno vasco, las Diputaciones y Eudel para la constitución de un Fondo Extraordinario que se activará si uno o varios territorios históricos no alcanzan el 99% de su coeficiente horizontal con el límite actual del Fondo General de Ajuste y se aplicará, en su caso, en la liquidación del ejercicio. Se trata de una herramienta para "corregir posibles desequilibrios en el reparto de los recursos económicos", en palabras del consejero Pedro Azpiazu puede suponer un "primer paso" para la reforma de la Ley de Aportaciones que lleva ocho años prorrogada.

Con este fondo se consigue una "mayor tranquilidad" y margen de tiempo, una tregua, para sacar de la agenda electoral el necesario debate para renovar la ley que establece las aportaciones de las diputaciones a las arcas comunes del Gobierno autonómico. Sin embargo, la oposición ve en ese acuerdo el 'oportunismo electoral' del partido que controla tanto el Gobierno vasco como las Diputaciones. Claro que, si no hubiera ese acuerdo, la misma oposición criticaría al PNV porque sus miembros son incapaces de ponerse de acuerdo.

KUTXABANK Entre tanto, el Banco Central Europeo (BCE) mantiene a Kutxabank entre las entidades de la eurozona asignadas con requerimientos de capital mínimo para 2019, según su perfil de riesgo. Esta consideración viene como consecuencia de un ratio de solvencia total (16,1%) superior a los requerimientos establecidos por el BCE y permite a la entidad vasca no limitar la relación con la distribución de beneficios y con la retribución variable.

Conviene señalar como la creación de Kutxabank como banco resultante de las cajas vascas abrió la caja de Pandora de innumerables críticas al amparo de esa manipulación política de las herramientas económicas. No vamos a recordar aquellas opiniones, tan sólo recurro al poeta Antonio Machado cuando decía: "es de necios confundir valor y precio". Y valiosos son ambos ejemplos que no debieran ser etiquetados con el precio de una mercancía política que se convierte en verbena cuando llegan las elecciones. Nos espera una primavera muy caliente y demagógica.