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Cintura y compromisos

Cintura y compromisos

NO es este que acaba de comenzar un año proclive a los acuerdos transversales en política. Eso de la geometría variable se resumen en disponer de la cintura suficiente desde el ejercicio de un gobierno en minoría para alcanzar acuerdos con los distintos partidos de la oposición para sacar adelante políticas concretas. Sin presupuestos actualizados, al Gobierno vasco le toca ejercerla y para ello tendrá que aplicar la inteligencia y la flexibilidad. La diferencia con otros momentos de una legislatura es obvia: arrancamos el ciclo electoral. A cuatro meses y medio de unas municipales, forales y europeas y a menos de año y medio de las autonómicas han comenzado a jugarse lo que en baloncesto llaman “los minutos de la basura”: todos dan por decidido el partido y empiezan las filigranas individuales y el momento de los meritorios porque todo lo decisorio está ya establecido. El único modo de que los próximos meses no sean estériles es apelar al compromiso de la política con mayúsculas. Hay mimbres que deberían ser suficientes para propiciar espacios de encuentro si los actores deciden no hacer de todo un drama o una comedia bufa. Están las mejoras sociales que tendrán que aprobarse vía decreto y requieren que una mayoría parlamentaria las sostenga; los salarios públicos, que es un medio de tirar de los privados; el reforzamiento de programas de empleo e innovación, con carácter general y comarcal. Y, así, una serie de medidas que pueden encarase si hay diálogo y compromiso con la ciudadanía y no sólo con las siglas propias. Lo está anunciando el Gobierno vasco: lo que se puede mejorar se tiene que intentar. Su papel es la iniciativa y ya lo está ejerciendo. La oposición tiene ocasión de hacer el suyo constructivo.