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Que no decaiga

EL ánimo reivindicativo, para muchagente, es condición indispensable sise pretende que la sociedad progrese.Desde que el mundo es mundo y, sobretodo, desde que prevalecieron los principiosdemocráticos se han venido dando pasos adelanteen lo referente a justicia, igualdad, solidaridady libertad a base de demandarlas, yasea por la insurrección armada, ya sea por lapresión social, ya sea por la pancarta acusadoray reiterativa.

Quienes hemos tenido la suerte ?dudosa,para algunos? de haber nacido y vivido eneste país y desde que tenemos memoria,hemos convivido con un estado permanentede reivindicación en su mayor parte no atendiday que suele derivar en desasosiego y hastaen frustración cuando las demandas nosaldadas rozan los derechos humanos. Elespacio reivindicativo es tan amplio, tandiverso, que sería inútil pretender abarcarloen este rincón de página y por eso prefieroacotarlo en una reivindicación recientementeexpresada pero con reminiscencias históricas,un dèja vu que resuena en los oídos detres generaciones.

Esta misma semana el parlamentario de EHBildu Unai Urruzuno pedía situar como unameta, un objetivo a lograr, la amnistía paralas personas todavía encarceladas por surelación con ETA. La amnistía ha sido reivindicaciónomnipresente en este país desde eltardofranquismo, intensificada en la transicióny abonada con la sangre de la represión.

Aquella amnistía tan vigorosamente demandadafue parte del apaño que si en 1978 abríalas puertas de las cárceles para las personasdetenidas por motivos políticos, las cerrabatambién para los responsables de los desafuerosy crímenes de la dictadura. En cualquiercaso, la reivindicación de la amnistía en referenciaa presas y presos mayormente con vinculacióna ETA, se veía satisfecha y aún quedaen el recuerdo la salida de la cárcel deMartutene del último preso, el ondarrutarraFran Aldanondo. Se había logrado la amnistía,pero luego resultó que era un espejismoporque ETA recrudeció su actividad, el Estadoredobló su represión y las cárceles se volvierona llenar. Un dato preocupante añadíadesaliento a la nueva situación: la Constituciónespañola recién aprobada rechazaba deplano una nueva amnistía. “Abandonad todaesperanza”, era el infierno de Dante convertidoen ley penitenciaria.

Hasta ahí el escueto relato de los hechos. Ladinámica reivindicativa en relación a las personaspresas por vinculación con ETA ha sidoconstante, tenaz y rotunda, pero adecuada alrealismo impuesto por los límites legales ylos acontecimientos políticos. Va ya para tresdécadas la demanda del fin de la dispersión, ala que se añadió en su momento la liberaciónde los presos con enfermedad incurable y losque por edad deberían abandonar la prisión.

Sea o no incongruente, la izquierda abertzale?que desde siempre ha considerado de suincumbencia la situación de las personas presas?adecuó a los nuevos tiempos políticos lasposibilidades de progreso penitenciario conla denominada vía Rufi y se abrieron todaslas posibilidades para humanizar la situaciónde los centenares de presos hasta entoncesvoluntariamente reprimidos en las cárcelesde la dispersión. No es poco mejorar las condicionesde vida para las personas encarceladas,puesto que legalmente no son posiblesdemandas más absolutas.

La reivindicación de la amnistía, la histórica,la mítica, ha correspondido en los últimostiempos al sector disidente, ATA (Amnistia taAskatasuna), también Movimiento por laAmnistía y contra la Represión. Un sectorexpulsado de la izquierda abertzale que ponede los nervios a los convocantes habituales delas manifestaciones de apoyo a los presos,porque o se infiltran con sus consignas o contraprogramancon otras concentraciones. Porla razón que sea, la amnistía vuelve al discursooficial y además de Patxi Zabaleta, quenunca la había descartado, la deja caer ArnaldoOtegi en alguna entrevista.

Reconoce Urruzuno que la sociedad vasca noestá preparada para semejante paso, y tienerazón. Aún están demasiado abiertas las heridas,demasiado enquistados los frentes ydemasiado fresca la memoria. Quienes asumieronel riesgo de practicar la violencia, yuna violencia extrema, se supone que deberíanasumir las consecuencias por duras quesean. Quienes tienen en su mano el poder y elcastigo, no parece que vayan a aflojar tantocomo para poner en la calle a los 200 o 300,borrón y cuenta nueva. La amnistía que pretendeUrruzuno es un brindis al sol, un mensajede consumo interno para que no decaiga.Pero por reivindicar, que no quede.