EL esloveno Damir Skomina fue muy casero. Miedo me dio cuando dejó marcharse sin tarjeta a Casemiro, que debió ver al menos tres claras por las patadas repartidas. Clamorosas. Hubo otras acciones en las que el colegiado tiró descaradamente para casa. En las áreas, eso sí, fue equitativo. No quiso saber nada y pudo señalar un penalti para cada equipo. Pero bueno, también algún otro además de Casemiro debió ver la cartulina amarilla. Sin embargo, en el Athletic quien la hizo la pagó. No en vano, Skomina hizo uno de esos arbitrajes de no querer complicarse la vida y cuando hubo dudas señaló en la dirección correcta. Tampoco siguió el juego de cerca y el asistente de banquillo señaló todo lo que se acercaba al fuera de juego, equivocándose hasta en cuatro ocasiones. También hubo manos que cortaron el juego, de manera intencionada, y eso es tarjeta. No se atrevió a sacarla en dos ocasiones. Por último, para terminar, solo añadió dos minutos al encuentro. No quiero ensañarme con el árbitro, pero una cosa es equivocarse y otra bien distinta es pensar en sacar el partido de Oporto sin problemas.
- Multimedia
- Servicios
- Participación