EL de Velasco Carballo ayer en San Mamés fue un arbitraje de veterano. Sacó tarjetas por cualquier clase de protesta de los jugadores contra su persona y, sin embargo, se las guardó en otras casos más claros. Sí acertó en aquellas jugadas en las que tras entrar al balón y no tocarlo hubo contacto entre los jugadores.
También estuvo bien en no señalar ningún penalti, pues no los hubo. No existió falta en una internada por el lateral de Muniain en el minuto 49 tras una entrada de Dani García en la que el balón acabó en córner. Y tampoco la hubo en el área del Athletic poco después, en el 51, cuando Iturraspe le ganó claramente la posición a Piovaccari, que cayó sin que existiese falta del jugador rojiblanco. El árbitro dejó seguir el juego con buen criterio, quiso controlar el partido de cerca y cortó de raíz los contactos con brusquedad. Al final del partido, el Eibar se dedicó más a perder tiempo y en al menos dos ocasiones el portero armero se salió del área para poner el balón el juego, lo que tuvo que ser sancionado por Carballo.
Finalmente, creo que los tres clubes vascos de Primera se deberían poner de acuerdo en el precio de las entradas para evitar polémicas.