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Del Cerro Grande supo mantener el control del partido

EL arbitraje de Del Cerro Grande ayer en Vigo fue realmente muy bueno. Es cierto que no fue un partido difícil, pero el colegiado madrileño supo tener bajo control en todo momento las pequeñas fricciones que hubo entre algunos jugadores de ambos equipos, como es el caso de la de Charles y Laporte que solucionó bien con una llamada de atención a cada uno de ellos. Sacó las tarjetas justas, aunque creo que perdonó una al Celta, y acertó en no mostrársela a Gurpegi en una jugada de la segunda parte, pues se decidió a pitar la falta siendo consciente de que la mala intención no existió en la entrada que el central del Athletic hizo sobre el local Nolito.

Hubo alguna jugada que se protestó desde la grada de Balaídos. Como un posible penalti que reclamaban y no existió cuando Susaeta y Herrera trataron de despejar al unísono dentro del área rojiblanca en el minuto 2 y el balón les rebotó de manera involuntaria en la mano. Acertó Del Cerro Grande en dejar seguir el juego sin señalar nada. Del mismo modo que pitó el final del partido tras un remate de cabeza Mario Bermejo pasado el tiempo de prolongación que nos hizo contener la respiración y en el que no existió desplazamiento en el mano a mano con Gurpegi.

Fueron las jugadas más reseñables de un partido en el que el colegiado estuvo técnicamente bien, se mostró en una excelente condición física y supo llevar con acierto el control de lo que sucedía en el terreno de juego.

Sobre el césped de Balaídos destacó la figura de Gurpegi, quien merece que el público de San Mamés le tribute un homenaje por la clase humana que atesora. Su calidad futbolística es incuestionable y su comportamiento en el campo es de alabar. Siempre lo da todo, pero sobre todo, y yo lo he visto con mis propios ojos, es incalculable lo que es capaz de soportar en esos campos de Dios, donde le llaman de todo y él lo soporta con gran entereza. Su comportamiento es admirable, digno de un capitán del Athletic. Aunque claro, algo tendrán que ver esos padres tan maravillosos que le han educado a su imagen y semejanza.