EL joven colegiado madrileño Del Cerro Grande, que ya presume de internacional, no tuvo un partido complicado, sino todo lo contrario. Lo resolvió bien, mostrando una condición física excelente. Su mala suerte es que dejó jugar en casi todos los contactos, y ahí siempre salió perdiendo el Athletic. No fueron muchas, pero el respetable, acertado ayer, las supo diferenciar.
Del Cerro no tuvo jugadas conflictivas en las áreas e hizo la vista gorda en un posible empujón en la zona defensiva rojiblanca a Rubén Castro. El delantero bético no llegó al balón, pero tampoco fue descarado. En resumen, los jugadores le respetaron y por eso casi no mostró tarjetas en una noche copera en la que los pupilos de Ernesto Valverde sellaron su paso a los cuartos de final de la competición.
Es importante volver a decir que Aritz Aduriz no deja de meterse en todos los charcos que se suceden en el terreno de juego. Ayer lo volvió a repetir con Amaya, después de que el central del Betis tuviera algo más que palabras con Laporte. El donostiarra no se beneficia de nada. Una cosa es encararte y otra aprovechar esa circunstancia para dejar alguna frase por el camino, lo que le cuesta más de una amonestación. Aduriz: los árbitros comentan todo entre ellos, saben quiénes son los jugadores más conflictivos, los que utilizan los codos, los que dejan el pie y los que utilizan la boca.