Montero, sin personalidad
eL señor Pérez Montero realizó un arbitraje sin personalidad, aunque en el primer tiempo mostró cuatro cartulinas amarillas -tres a jugadores del Rayo y una a De Marcos-, que fueron totalmente justas, aunque no mostró una clara a Piti en el minuto 44 por agarrón a Susaeta, lo que le costó, con razón, una sonada pitada y una pañolada. Aun así, esta fue derivada más por los nervios que por su actuación durante los primeros 45 minutos, que no fue tan negativa, pues acumuló errores en ambos bandos y siendo de mínima relevancia.
Sin embargo, en la segunda mitad estuvo desacertado en la aplicación de las faltas y, sobre todo, en el minuto 63, cuando Gurpegi derribó al Chori Domínguez justo al borde del área, señalando correctamente la infracción, pero haciendo caso después al pinganillo y a lo que le sugirió su primer asistente, que le indicó que había sido penalti. Con ello perdió toda la personalidad, ya que un árbitro que controla el juego y está a la distancia reglamentaria para pitar la falta fuera del área no puede dudar en la apreciación. Aun así, sí acertó su primer asistente al validar el primer gol del Rayo, pues el arranque de Lass fue habilitado por la posición de Iraola.
Dicho esto, volviendo a la falta de personalidad del colegiado, esta volvió a quedar reflejada cuando Delibasic no dejó sacar a Iraizoz y no le amonestó por ello. Además, no quiso saber nada de las descaradas pérdidas de tiempo de los rayistas, aunque sí alargó el partido cinco minutos. En resumen, mal arbitraje en una noche para pensar que las soluciones existen y que solamente hay que acertar en la colocación de los jugadores sobre el césped.