Muñiz, cumplidor
El arbitraje desarrollado por Muñiz Fernández era de esperar en un partido en el que los contactos fueron frecuentes y continuos, en el que se cometieron las faltas normales de un terreno resbaladizo en el que estuvo lloviendo constantemente. Este hecho podía ser mejor para el Athletic, pero no fue así, pues los rojiblancos cometieron muchas faltas evitables.
En el minuto 12, Diakhaté le metió el brazo a Aduriz en el cuello cuando el balón iba por el aire. Muy claro lo debió de ver Muñiz para señalar el correspondiente penalti. Sin embargó, acertó al no señalar nada en el minuto 25, en un forcejeo entre Amorebieta y Siqueira dentro del área del Athletic, en el que el jugador del Granada se fue al suelo y pidió un penalti que no era.
En el segundo gol de Aduriz no existe fuera de juego de Muniain. A pesar de que su posición sí lo era, el jugador no hace nada para tocar el balón. A mí siempre me crean dudas los árbitros que piensan y luego pitan pues prefiero los que pitamos y luego pensamos. Y eso en Muñiz no se da. De todas formas, se le puede dar un aprobado alto a su arbitraje.
En otro orden de cosas, Amorebieta, que sufrió tres duras entradas, en una de ellas, sin que hubiera contacto, se llevó las manos a la cara, cosa que no debe de hacer, pues luego las imágenes nos dicen otra cosa y estas acciones siempre van en contra del jugador.
Asimismo, jugadores como Llorente que no arriesgan en sus acciones y solo lo hacen para entrar al contrario. En los pocos minutos que estuvo sobre el terreno, cometió tantas faltas como cualquier jugador que disputó todo el partido, lo que da síntomas de impotencia.