Todos conocemos a Undiano Mallenco, que a unos les irrita por la mala suerte que tiene con el Athletic casi siempre, aunque es buen árbitro. De nuevo no nos señaló un penalti en el minuto 28 del partido por una mano clara de Víctor Ruiz y, sin embargo, le pilló de cara la pena máxima de Borja Ekiza, que sí lo fue y bastante claro. Dos formas distintas de medir dos acciones muy similares. En el minuto 44 del encuentro, cuando el descanso llamaba a la puerta del partido, el Valencia pidió un penalti de Andoni Iraola sobre Mathieu que, a pesar de que sí hay contacto, no es suficiente como para señalar pena máxima.

Tras la reanudación, Ander Herrera cometió una chiquillada al darle una patada por detrás a Tino Costa, que le había estado provocando durante todo el partido. La acción le costó la tarjeta roja directa, mostrada de manera justa. Sin embargo, Undiano debió actuar en la misma jugada, y no lo hizo, cuando Rami agarró del cuello al centrocampista rojiblanco y le tiró al suelo.

Luego, lo de siempre, inseguros en defensa y a sufrir. Tanto, que por primera vez no quise ver los últimos cinco minutos del encuentro. Se vio un equipo sin personalidad y sin respuesta ante un Valencia que pudo haber empatado antes pues de nuevo el árbitro dejó un penalti sin señalar. En este caso de Amorebieta sobre Soldado.

Undiano Mallenco estuvo mal en todos los aspectos y ahora Herrera deberá meditar que no se pueden cometer ese tipo de acciones teniendo el partido controlado. Por otra parte, el árbitro fue demasiado permisivo con el juego del Valencia en algunos momentos. El resultado más justo al descanso hubiese sido un 1-3, por lo que el juego debería haberse desarrollado por otros cauces. No estuvo bien Undiano.

Por último, quiero felicitar a Iker Muniain, que parece haber aprendido del pasado y ahora, en vez de revolverse como hacía en numerosas ocasiones, sabe mantener la calma y sufrir.