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Un arbitraje perfecto

TENGO que reconocer que el arbitraje de Pérez Montero me daba qué pensar antes del partido. La temporada pasada, que fue su primer año en Primera, fue irregular, pero tengo que admitir que el jienense hizo un arbitraje perfecto en un partido que tuvo de todo. Los grandes errores de marcaje de los bilbainos, con un Athletic que estuvo desangelado durante los primeros cuarenta y cinco minutos, posibilitaron entradas duras de ambos conjuntos, que fueron merecedoras de tarjeta. Algo que no ayudó al árbitro, que no tuvo lagunas en su actuación. El único error que se le pudo achacar en el primer periodo fue que no pitara saque de esquina en un remate de cabeza que desvió al larguero un defensa periquito. Una jugada que era más para el asistente situado en el campo en el que atacaban los rojiblancos.

Pérez Montero estuvo serio, disciplinado a la hora de aplicar el reglamento, bien físicamente y sin dejarse engañar en ningún momento. Un arbitraje interesante para el futuro fuera de casa. Aclarar que todo jugador que salta la valla y se acerca al público debe ser amonestado. Como fue el caso de Longo, que vio la segunda amarilla por ello. Y dejando a un lado los fallos defensivos del Athletic, tenemos que alegrarnos de la actuación de Aritz Aduriz. Al delantero guipuzcoano hay que reconocerle su entrega y su saber hacer cuando el portero rival se le pone delante. Sin olvidar a Fernando Llorente. Los dos pueden formar una pareja letal. El riojano salió enchufado y abrió huecos para sus compañeros, incluido el propio Aduriz.