El arbitraje del gallego Iglesias Villanueva en la mañana de ayer en El Madrigal fue muy desconcertante. El colegiado tuvo demasiados altibajos que perjudicaron de manera notable al Athletic, especialmente en el minuto 69 del encuentro, en su error más grave y que pudo haber cambiado el signo del encuentro. Llorente, que se encontraba en el área para rematar un centro lateral, fue empujado de manera clara y contundente por Marcos Senna. Un penalti que se fue al limbo y que pudo suponer el 1-3 en el marcador y la tranquilidad para el equipo.
Villanueva tampoco supo interpretar lo que es entrar fuerte al balón y hacerlo a la pierna del rival. La mayoría de entradas del Athletic son limpias y, salvo cuando es necesario para cortar una acción de peligro, no emplean el juego agresivo. El árbitro no lo supo ver y falló en eso. Fue riguroso con nosotros, lo contrario que con el Villarreal. También es verdad que en la primera parte le perdonó a Ander Herrera la amonestación, dado que el bilbaino se pasó en varias faltas que cometió.
En otros aspectos, como en lo físico, estuvo bien; aplicó de manera correcta la ley de la ventaja, estuvo bien colocado y fue muy bien asistido en las bandas. Su gran error fue el de no señalar el penalti favorable al Athletic, por lo que creo que perjudicó a los rojiblancos de conseguir una nueva victoria y afianzarse en los puestos de Champions.
Desde estas líneas quiero comentar que Ander Herrera debe tener más cuidado cuando no está fino, como en el primer tiempo, en el que se excedió en las faltas y eso le pudo haber costado un disgusto. Tras la reanudación se mostró más centrado y confiado en sus acciones, yendo a más con el paso de los minutos. Este aspecto lo comento desde el punto de vista arbitral, puesto que en la pequeña pantalla se le vio fuera de sitio. Pero no es momento de arengas, que ahora toca disfrutar del Teatro de los sueños.